domingo, 1 de febrero de 2009

El tiroteo de la Vall D'uxó (El Solitario)


A menudo, los casos de asesinato con arma se complican hasta el punto de requerir un análisis exhaustivo de la trayectoria seguida por la bala, el punto del impacto, las posibilidades de reacción de la víctima y el lado del disparo. Dichos elementos son fundamentales para conocer si se disparó a bocajarro, por detrás, con premeditación, en defensa propia... es lo que se La ciencia balistica. Tan necesdario y fundamental para aclarecer un hecho como tambien una prueva mas en el informe peric
ial.

El tiroteo de la Vall D'uxó


La policía local del Vall d'Uixo recibe el aviso de que un hombre está atracando la Caja Rural de San Isidro, a pocos metros de la comisaría. No hay más datos y se desconoce si va armado. "Las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad de la Caja rural confirman mas tarde que el atracador es El Solitario". Había elegido, como siempre, una sucursal discreta, de una población no muy grande, y una hora óptima, el final de la mañana, cuando más dinero hay fuera de la caja. Pero cometió un error, o infravaloró un riesgo: la oficina bancaria estaba próxima a la comisaría de la Policía Local, donde justamente a esas horas tenía lugar el cambio de turno. Cuando los empleados del banco dieron la alarma, una nube de policías, entrantes y salientes de servicio, se abalanzó tras él.


El atracador sale de la sucursal y se parapeta detrás de un vehiculo. Los dos policías intuyen que hay alguien detrás de los coches pero no consiguen verlo.


El atracador dispara primero al agente que tiene más cerca, un manojo de llaves que cuelga de su cinturón para el impacto y le salva la vida. El otro policía no tiene tanta suerte y el tiro le parte la tibia y el peroné. Sin dejar de correr, de moverse en algunos cientos de metros bajo la persecución policial. Lo hizo sin dejar de disparar, con el arma corta que portaba, contra los agentes que le perseguían también a su les volvían los disparos.


El tiroteo fue tan nutrido que uno de los agentes mató accidentalmente a un compañero: Los dos tuvieron la mala fortuna de erguirse a la vez tras sendos coches aparcados en batería. El cabo Ferrandis. El policía que muere en este tiroteo, se levanta y grita: ¡Alto, tire el arma! El atracador dispara tres veces hacía donde escucha la voz. El agente José Antonio responde efectuando dos tiros con su pistola reglamentaria. Con tal mala El cavo Manuel Ferrandis cae al suelo victima de un disparó en la nuca efectuado por su compañero, provocando la muerte en el acto. Mientras por el camino, el atracador recibió algún impacto, pero lo absorbido sin mayores consecuencias por el aparatoso chaleco antibalas que siempre lleva bajo la camisa (y que al tiempo que le protege le permite disimular su verdadera complexión). También se le cayó la mayor parte del dinero, dos millones setecientas mil de los tres millones de pesetas que había conseguido en el atraco, lo que disminuyó drásticamente la rentabilidad de tan sangrienta y accidentada escaramuza. Pero consiguió llegar hasta su todoterreno, y una vez allí sacó del habitáculo un arma automática, con la que achantó a ráfagas a sus perseguidores (era, justamente, la misma con la que andando el tiempo iba a abatir a los infortunados guardias de Castejón).Aprovechando este efecto sorpresa, se deslizó dentro del vehículo y logró huir.


Un dato sorprendente

La autopsia revela un dato sorprendente: el cabo Ferrandis muere por un disparo en la nuca y no en la frente. El fiscal acusa a agente García Segarra de matar a su compañero. Los expertos que asesoran al policía presentan un 3D durante el juicio. Según su versión, José Antonio se coloca detrás del segundo coche. Manuel se queda escondido detrás del primer coche. Una de las tres balas que dispara el atracador rebota en una barra de acero y alcanza a Ferrandis. El tiro entra por la nuca y sale por la frente.


El tribunal descarta por improbable la teoría del rebote en la barra de acero. La sentencia recuerda que el proyectil que mata al cabo Ferrandis es disparado por una pistola Glock, de las características de las que portaba el acusado, García Segarra, y le condena a un año y medio de prisión por homicidio por imprudencia profesional. También dicta su inhabilitación como agente.


Los investigadores estudian la bala y la trayectoria de la misma.