viernes, 11 de septiembre de 2009

Lealtad Absoluta

Teniente Hiroo Onoda
En 1974, un oficial de la inteligencia japonesa llamado Hiroo Onoda fue enviado a espiar las tropas norteamericanas de Filipinas en 1944. Pero a medida que las fuerzas americanas crecieron fue obligado a retirarse hacia la selva donde permaneció por 30 años.

Capaz de mantener su armamento en buen funcionamiento Onoda atacaba y se proveía de los campesinos filipinos. La orden que le habían dado era la de desestabilizar la armada norteamericana a cualquier precio y sin importar cuantos años tomara. Nunca nadie se tomó algo mas apecho.

Onoda soportó y luchó en la selva de las Filipinas durante tres décadas, mientras casi todos los demás volvieron a casa. Tenía sólo 23 años cuando la guerra acabó. Una de las últimas órdenes de su superior, el Comandante Takahashi, fue controlar la Base Aérea de Lubang en una misión de guerrilla, y no suicidarse, no importando que pasase. Onoda también afirma que el Comandante le dijo: "puede tomar tres años, puede tomar cinco, pero cualquier cosa que pase, nosotros regresaremos por usted". Como un buen soldado siguió las órdenes y vivió por estas directivas, pero Takahashi se fue y no regresó. Mentalizado en el Ejército japonés a vivir con honor y seguir las órdenes hasta el fin, nunca se rindió. No estuvo solo todo el tiempo, al principio eran cuatro, uno de ellos, el soldado Yuichi Akatsu se entregó al Ejército Filipino en 1950. El siguiente, murió nueve años después de que la guerra acabó, y el último de sus compañeros murió dos años antes de que Onoda saliera de su escondite.

Estaba tan bien entrenado que se negó a creer que los muchos intentos de rescate y los periódicos anunciando el fin de la guerra que se dejaron caer desde el aire, fueran realmente legítimos. Luego de que se entregara Akatsu volvió a buscar a sus compañeros, pero ellos concluyeron que se había pasado al enemigo y se retiraron al otro lado de la montaña. A cada equipo de rescate que llegó cerca los vigiló como si fueran el enemigo y concluyó que eran americanos fingiendo. "... Yo me pregunté por qué no me dejaron algún binocular y un teléfono. “... La única explicación que podía aceptar era que a toda costa ellos querían impedirme salir de la selva". Siempre que alguna prueba de que era un hombre libre llegó a sus manos, encontraba una manera de convencerse a sí mismo y a sus compañeros de que todo era una farsa. Él explica este pensamiento escribiendo, "Si había algo que no encajaba con nuestras ideas nosotros lo interpretábamos para que signifique lo que nosotros queríamos que signifique".

Para comer ocasionalmente mataban alguna vaca que estuviese pastando en el área. También recogían cocos, nanka (una fruta), plátanos, mangos, y cualquier cosa que pudiera llegar a sus manos durante las cambiantes estaciones. La comida nunca parecía ser un gran problema. Cuando ellos no querían cazar “requisaban” los artículos de los campesinos e isleños. Así es cómo consiguieron sus utensilios, chaquetas, ollas, cacerolas, y a veces arroz. De vez en cuando irrumpían en las chozas de los granjeros para conseguir linternas, y a veces comida. En Junio de 1953 el cabo Shimada resultó herido en una pierna durante una escaramuza con unos pescadores, Onoda lo alimentó y cuidó de su salud, pero el 7 de Mayo de 1954 Shimada murió instantáneamente por un disparo efectuado por un grupo de búsqueda. Diez días después, más hojas impresas fueron dejadas caer y a través de un altoparlante les dijeron: “Onoda, Kozuka, la guerra ha terminado”. Claramente, este era otro truco de los americanos, estaban seguros de que la guerra continuaba y que podrían vengar la muerte de su compañero.

En 1965 requisaron una radio y pudieron escuchar las noticias, pero no creyeron nada de lo que se decía. Traducían las palabras de los comentaristas como mensajes de guerra. “Lo que pretendió ser una transmisión de Japón o Australia era, a nuestra manera de pensar, una cinta preparada por el enemigo y emitida con los cambios convenientes".

Su estilo de vida era nómada, iban a algún lugar donde construían una choza rápidamente, en sólo unas horas, sabían cuando algo o alguien estaba cerca, tenían el sexto sentido de un soldado y eran rápidos sobre cómo conservar su propia vida. Se quedaban de tres a cinco días, luego partían hacia otro lugar, salvo en la época de intensas lluvias en que nadie entraba a la jungla y podían permanecer más tiempo en el mismo sitio. Onoda no menciona mucho sobre las confrontaciones con los isleños, pero según algunos artículos periodísticos, muchos filipinos denuncian en un manifiesto que mataron a algunas personas mientras vivían en la isla y están tramitando las indemnizaciones ante del gobierno japonés.

Una vez mientras estaba "requisando" comida en 1972, hubo una pequeña batalla en la que resultó muerto Kozuka. Después de veintiocho años de sobrevivir juntos, estaba ahora absolutamente solo. Así continuó hasta que el 20 de Febrero de 1974 un bohemio viajero llamado Norio Suzuki lo encontró. Suzuki, era un solitario cruzado que se había impuesto la misión de encontrar a este escurridizo soldado y la meta de llevarlo a casa. Mantuvieron una larga charla que duró horas y se hicieron amigos, pero comprendió que iba a tener que hacer venir a un superior militar a leerle sus órdenes finales. Suzuki se fue, prometiendo volver.
Y lo hizo. El 9 de marzo de 1974 Onoda fue a un lugar convenido y encontró una nota de Suzuki, junto a ella había una foto que se habían tomado en su primer encuentro y dos órdenes del ejército. Al día siguiente decidió arriesgarse e inició una marcha de dos días para acudir a una reunión. Y allí estaba Suzuki, junto a uno de los que había sido su comandante superior, el Mayor Taniguchi, quién oralmente le dio su orden final: Rendir su Sable.

La guerra de treinta años de Hiroo Onoda había terminado. Volvió a Japón para ser recibido como un héroe, fue una sensación en los medios de comunicación y el público lo perseguía por todas partes.

Pero su mente todavía vivía en el Japón de 1944 y no podía soportar los cambios que habían acaecido, después de publicar sus memorias se mudó a Brasil y compró un gran rancho ganadero donde llegó a manejar aproximadamente unas 2.000 cabezas de ganado, se casó a una mujer japonesa y ha abierto un tipo de campamento de vida natural para niños en el norte de Japón. Aunque dijo que nunca volvería, fue a Lubang en 1996 y se encontró con una de las personas a las que había disparado (ellos se abrazaron). También donó US $10.000 en efectivo para la educación de los niños filipinos.

"Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia."
Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) Escritor estadounidense.