domingo, 18 de octubre de 2009

DISPARAR BAJO PRESIÓN

Leyendo el Blog de Maestro Cecilio encontré VARIOS articulos muy interesante sobre posibles estrés causado por disparar bajo presión... Estoy seguro que para cualquier profesional que porta una arma como parte de su herramienta de trabajo más de una ocasión haya preguntado
  • ¿Cómo me reaccionare en ese instante y en esos momentos donde la jugamos todo o debemos actuar por el cumplimiento de nuestro deber y obligación...?
  • ¿Y Qué condiciones y factores nos pueden influir y hasta qué punto puede interferir dichos motivos.... ?
Así pues estoy seguro que ustedes se habla preguntado más de una ocasión como yo sobre este tema....más cuando no hay una experiencia vivida en las carnes propias para poder opinar y saber de lo que es capaz cada uno... Por este motivo añadido creo muy importante este articulo y más aún cuando es escrito por un profesional como Cecilio, que sabe de lo que habla pues como Militar Profesional son muchas las situaciones que le ha brindado unas experiencias en el enfrentamientos armados durante sus misiones por medio mundo. Independientemente de su dedicación a estudios y enseñanzas armadas.

Espero que os guste estos articulos suyo tanto como a mi.
Erizo 403-3
DISPARAR BAJO PRESIÓN

¿Es posible buscar precisión en condiciones de estrés?

A todo profesional armado le disgusta hallarse en el campo de tiro, ya sea solo o con más compañeros, evidentemente en este último caso la situación es más indeseable, y descubrir que el blanco asignado tiene muy pocos “agujeros”. Para evitar una situación tal casi siempre se intenta minimizar los escenarios que pongan de manifiesto las propias limitaciones, al menos en público, buscando asegurar ese disparo, el primero si es posible, que certifique la tan deseada e hipotética neutralización instantánea del supuesto agresor.

“Si, si, vale. No he agrupado y he fallado los dos últimos disparos, pero con el primero lo he parado en seco”, algo así suele oírse a modo de mantra. Pero, aparte de cómo excusa, ¿sirve de algo más? Y sobre todas las cosas ¿es realista?

Para algunos profesionales armados todas las tácticas y movimientos que se realicen durante la neutralización de un ataque son una pérdida de tiempo, lo que realmente importa, según ellos, es acertar con precisión, y sobre todo el primer disparo. Esta línea de pensamientos busca disparar con la máxima precisión y una gran presión… de tiempo. Buscan mantener y alinear los elementos de puntería durante toda la acción. Según esta filosofía, el disparar mientras se sale de la línea de ataque del adversario, solo sirve para tres cosas, para fallar los disparos de manera estrepitosa, para correr el riesgo de tropezar y caer, y para tener una excusa para convocar cursos.

Por desgracia la realidad es solo una, la presión de tiempo no se acerca ni de lejos a la presión vital de defender una vida, sobre todo la propia. Esa es la gran diferencia entre un tirador deportivo y un profesional armado, y no las técnicas de tiro. Existen aun así muchos tiradores que realmente creen encontrarse plenamente capacitados para disparar bajo presión vital simplemente porque son capaces de agrupar sus agujeros en el blanco en un espacio muy reducido y en un tiempo más reducido aún.

Suelen ser buenos competidores, rápidos en desenfundar al escuchar un pitido o una orden y precisos al realizar sus disparos, lo cual como hemos dicho, los convierte en buenos competidores.

Pero la vida real no es una competición, al menos, en lo que como profesionales armados entendemos, no del tipo en la cual podamos volver a intentarlo si perdemos hoy.

Los agresores no son ineptos, lentos ni indecisos, el acertar el primer disparo con precisión e inmovilidad suele implicar que el malo también acierta con su ataque. En teoría un empate, en la realidad… lo que ud´s prefieran pensar. Pero se piense lo que se piense, los adversarios reales jamás se comportan como bancos de cartón.

Cuando se asume esto, es cuando comienzan los problemas, o eso piensan algunos. Los disparos ya no quedan como una bonita y diminuta agrupación, ya no se pueden ver claramente los elementos de puntería, se difuminan, desaparecen e incluso, gran sacrilegio, ni se acuerdan de buscarlos durante la acción de disparo.

Y de realizar solamente un doble-tap ni hablamos, el profesional acaba disparando hasta que realmente cree que el agresor esta neutralizado, o en el peor y menos deseable de los casos, hasta que su arma se queda sin munición.

Otro argumento que sale a la palestra sobre esta cuestión hace referencia a la supuesta dificultad de instruir de manera rápida, segura y eficaz a gran cantidad de alumnos si hay que realizar movimiento y fuego. Permaneciendo inmóviles es sencillo y muy seguro adiestrar a gran cantidad de alumnos en poco tiempo. Pues bien, la realidad vuelve a decirnos que esto es incierto, teniendo claros los parámetros de trabajo, las medidas de seguridad y el nivel de los alumnos, en el mismo tiempo que logramos hacer que agrupen en un naipe, podemos conseguir que se muevan y alcancen eficazmente con sus disparos al blanco, eso sí, quizás no todos queden contenidos en ese naipe.

Otro alegato muy común es el de que para conservar esas habilidades de tiro en movimiento se requiere invertir mucho tiempo en su mantenimiento, ya que en una situación real bastante tendremos con disparar con eficacia como para complicarlo más con el movimiento.

¿Es real esa excusa?

Cuando alguien nos va a golpear con el puño, un palo o un cuchillo, ¿no es la reacción más natural la de apartarnos de ese ataque? Entonces, si la reacción instintiva natural ante una agresión es la de apartarnos ¿qué más necesitamos entrenar? Solo la parte más técnica del uso eficaz y preciso de un arma de fuego, algo que por otro lado tendremos que hacer igualmente si permanecemos inmóviles.

No requiere más tiempo, solo una mejor percepción de lo que implica una acción real, cómo se reacciona, cual es la pauta más probable, la más peligrosa, y sobre todo, de conseguir mediante el entrenamiento, de encauzar unas reacciones instintivas naturales de forma correcta, y de conjugarlas correctamente con unas reacciones instintivas adquiridas.

Realismo.

En reportajes previos de esta Escuela de Tiro se intentó dejar lo más claro posible que sin un trabajo de doble acción, fuerza contra fuerza (FoF), cualquier planteamiento de adiestramiento realista sería, cuando menos, inexacto. Igualmente hemos visto en el presente trabajo que los ejercicios exclusivamente de puntería no bastan.

Hay que ponerse a prueba bajo un contexto que simule de la mejor manera posible una situación real, de tal forma que eduquemos nuestros reflejos de una forma acorde.

Podemos realizar infinidad de ejercicios de tiro en movimiento, evidentemente siempre limitados por seguridad, ya sea en un campo o en una casa de tiro, pero aun así, siempre faltará la impredecible realidad de un enfrentamiento ante un agresión humana. Como se suele decir, un profesional es predecible, pero el mundo está lleno de aficionados, y debemos entrenarnos.

Es por ello que deben estudiarse escenarios, en los que el alumno desconozca la mayoría de los parámetros de actuación, como le sucederá en la vida real. Habrá escenarios en los que el alumno no deba disparar, otros en los que sí, algunos donde se busca que estudie la situación previa, y luego evalúe su proceder buscando posibles variantes.

Hay que estudiar las acciones previas a la acción, la reacción, y las acciones posteriores, mucho más que la puntuación de los disparos en una hipotética e irreal diana.

Existe el riesgo que busque formas de actuación demasiado prematuras, que actúe sin fundamento alguno, o que salga frustrado de un supuesto bajo rendimiento o fracaso, con lo cual el temor a repetir ese fracaso le haga bajar aún más su capacidad de reacción.

Tiempo al tiempo.

Todo ello requiere un tiempo, un paso a paso, una comprensión gradual, y una más gradual puesta a punto. Si imaginamos a un boxeador que lleva años pegándole al saco, sin realizar ejercicio alguno más, ni sombra y mucho menos combates con adversarios reales; y le obligamos a realizar su primer combate con alguien del nivel de Mike Thyson, lo que ocurrirá es más que sabido ¿no creen?

Todo tiene su tiempo, todo tiene sus fases y su forma, y si no queremos llevarnos a engaño, ya sea de optimismo o de pesimismo excesivo, debemos darnos ese tiempo y esa comprensión.

Nadie muere.

Es obvio que en cualquier ejercicio de entrenamiento nadie muere, nadie resulta herido, salvo quizá alguno en su amor propio, y por ello la realidad no es todo lo real que se busca recrear. Sabemos también que alguien hará algo, y debemos responder de alguna forma previamente comentada o estudiada. Ese saber previo es lo que aparentemente lo convierte en irreal y en ineficaz herramienta de aprendizaje. Pero ello no es totalmente cierto.

Cuando somos receptores de varios impactos de munición de pintura, de bolas de airsoft o de un cuchillo simulado, nos damos cuenta de lo sencillo que es morir. Ver la velocidad a la que se desenvuelve un ataque real cambia mucho los puntos de vista.

Criterio de adiestramiento.

En algunos programas de adiestramiento se enfatiza la inmovilidad y la estabilidad, y en algunos casos utilizando una ropa y equipación que proporcionen una comodidad de la que no se dispone en el día a día profesional.

Un entrenamiento realista debe finalizar la sesión dejándonos cansados y empapados en sudor, posiblemente doloridos, y en muchos casos heridos en nuestro amor propio. Debe ser un considerado un entrenamiento de artes marciales, ya que eso es lo que es, independientemente de la modernidad de las armas que se empleen.

Para ello necesitamos un buen criterio de adiestramiento y compañeros en nuestra misma onda profesional. Con ambas cosas es relativamente sencillo constatar la eficacia de determinadas técnicas, de establecer unos parámetros de respuesta eficaz e instintiva.

Tanto el agresor, o agresores, como el defensor pueden sacar muy buenas conclusiones y lecciones aplicables en futuras actuaciones. Para ello cada uno debe tener unos conceptos directores y unas metas claras. El profesional armado debe responder a la acción agresiva, y esa es la cuestión primaria, responder, jamás anticipar ya que ello convertiría el ejercicio de entrenamiento en irreal, y la acción real en delictiva.

Esto nos acerca a otro concepto muy importante, pensar como el malo. Nuestros compañeros, actuando como agresores, deben ser verdaderos chicos malos, ello repercutirá en el adiestramiento de dos formas. Primero haciendo que el atacado pueda verse en una acción de respuesta real, tanto en tiempo como en astucia y en improvisación y/o premeditación. Pero al agresor le permitirá ponerse en el papel de chico malo lo cual le dará una compresión clara y cabal de la otra cara de la moneda.

Eso sí, y esto es muy importante, el ego personal debe permanecer fuera de estos ejercicios, de no ser así solo estaremos perdiendo el tiempo.

Por último hay que controlar la duración de los escenarios para evitar que un exceso de energía acabe degenerando en un juego del tipo te he dado más veces que tu a mi. La munición de entrenamiento o de airsoft no tiene capacidad de parada, aun cuando pican un poco al acertar ciertas partes del cuerpo, por lo que resulta muy fácil acabar el ejercicio simplemente intentando dar tantos bolazos como nos han dado a nosotros.

Hay que mantener el control en todo momento, como ocurrirá en la realidad, y realizar las acciones precisas y necesarias, ni una más, como en la realidad.

Esa es otra faceta que también hay que entrenar como profesionales armados, el empleo de la mínima fuerza necesaria.
Oct 17th, 2009 por Cecilio Andrade

ESTRÉS

Hoy por hoy el término estrés está tan popularizado que todos lo utilizamos aplicado a diferentes situaciones como sinónimo de ansiedad, agobio, angustia, tensión, etc. La mayoría de las personas están de acuerdo en considerar los siguientes episodios como situaciones típicas de estrés: “tengo un examen dentro de dos días y no sé si me dará tiempo a prepararlo”; “el ascensor se ha parado entre dos pisos y estoy atrapado”; “he de llegar a una cita importante y estoy en medio de un atasco”… pero este acuerdo sobre lo que es el estrés no llega mucho más lejos.

Muchas de las situaciones en las que puede verse envuelto un operador en el curso de operaciones de alto riesgo podrían considerarse altamente estresantes y se podría elaborar una lista interminable. No sería de utilidad reseñar aquí las múltiples definiciones que del término estrés circulan por los diversos ámbitos, de modo que intentaremos limitarnos a dar una definición lo más operativa posible dentro del contexto que nos ocupa.

Se considera que una persona está bajo estrés cuando ha de hacer frente a demandas conductuales que le resulta difícil llevar a cabo o satisfacer. Estas demandas exigen y/o provocan un incremento importante de la energía fisiológica del organismo, un rápido procesamiento de la información disponible, con frecuencia consistente en estímulos poco usuales o complejos, y, la búsqueda o puesta en marcha de conductas que permitan satisfacer dichas demandas y alcanzar un nivel de tranquilidad.

Así pues, las características básicas de las situaciones de estrés son:
  • Exigencia excepcional al organismo.
  • Falta de información sobre la situación.
  • Activación fisiológica importante.
En resumen, lo que caracteriza a una situación de estrés es el desequilibrio entre las demandas que la situación impone al individuo y los recursos cognitivos, fisiológicos y motores de que dispone para hacerle frente. En suma, el organismo se encuentra desbordado por la situación.

Las situaciones que generalmente pueden desencadenar estrés reúnen todos o alguno de los siguientes componentes:
  • Incertidumbre sobre la forma en que puede evolucionar la situación.
  • Cambio repentino de las circunstancias.
  • Sobrecarga de los canales de procesamiento de información, que no pueden integrar y manejar toda la información que llega.
  • Falta de recursos (habilidades, conocimientos, vigor físico) para hacer frente a la situación y manejarla.
Ante estas situaciones generadoras de estrés las personas suelen responder de una forma bastante similar:
  • Generando un incremento importante de su nivel de activación fisiológica que produce, entre otros efectos:
  1. Un aumento de la sensibilidad de los sentidos, que les permite identificar estímulos o señales más débiles y obtener la mayor cantidad de información posible.
  2. Un incremento en la actividad del sistema cardiovascular y endocrino.
  3. Un aumento del tono muscular, de la respiración y una disminución de la sensibilidad al dolor, preparando al organismo para una reacción de emergencia.
  • Incrementando el nivel de activación cognitiva, de forma que se permita un procesamiento más rápido y preciso de la información recogida. Este aumento en la capacidad cognitiva del sujeto tiene un límite, de forma que, cuanto mayor sea la cantidad de información que tiene que manejar el sujeto más fácil es que se sature y se produzca un bloqueo.
  • Produciendo un incremento del vigor y rapidez con la que se emiten las respuestas motoras, permitiendo que éstas sean más eficaces para resolver la situación. En este punto es especialmente relevante la disponibilidad de conductas aprendidas con gran fuerza de hábito, ya que en caso de disponer de ellas, el incremento de activación facilitará su puesta en marcha (recordar Teoría del Impulso). En otro caso, cuando la situación sobrepasa un cierto punto, pueden desencadenarse conductas desorganizadas y repetitivas o estereotipadas.
Hasta aquí la explicación más técnica y científica en referencia al estrés. Veamos ahora esa misma reacción de una forma más directa, lo que ocurre sobre nosotros mismos en esta situación.

El entrenamiento táctico busca afrontar situaciones de crisis, por lo cual no debe ceñirse únicamente a las técnicas y métodos de trabajo basados en el esfuerzo físico. El aprendizaje de técnicas de trabajo psicológico dotarán de recursos para afrontar reacciones de miedo, estrés o pánico.

Hans Seyle utilizó el término estrés para definir “un conjunto coordinado de reacciones fisiológicas ante cualquier forma de estímulo nocivo, incluyendo las amenazas psicológicas”.

El estudio y conocimiento de las transformaciones que se producen en el organismo durante una respuesta de estrés fueron descritos con el nombre de “Síndrome General de Adaptación”, permitiéndonos reconocer las variaciones de nuestro organismo y nuestra mente.


Se distinguen tres fases claramente diferenciadas:
  • Fase de Alarma.
  • Fase de Resistencia.
  • Fase de Agotamiento.
La Fase de Alarma se subdivide a su vez en otras dos subfases, Shock y Contrashock.
Durante la Subfase de Shock se producen cambios en el estado de conciencia del individuo, sentimientos de confusión, incertidumbre e incapacidad para tomar decisiones, como pautas generales. Se observa parálisis y cambios de la expresión facial. Por último, internamente ocurren cambios fisiológicos nerviosos y hormonales, aumenta el ritmo cardíaco y se produce distensión muscular.

Llegamos ahora a la Subfase de Contrashock. En un individuo sano, tras la primera sensación, destinada a provocar un estado de máxima alerta ante la situación sorpresiva, el organismo reacciona con una urgente activación fisiológica que facilita recursos excepcionales en las mejores condiciones, reaccionando por tanto en sentido opuesto: el pulso se acelera, el corazón bombea a ritmo frenético, aumenta la frecuencia respiratoria, todo ello encaminado a enviar más oxígeno a los órganos y prepararse para una posible entrada en acción.

Tras esto aparece la Fase de Resistencia. Si la alarma continua el organismo no puede mantener indefinidamente el ritmo antes descrito. En la fase actual el organismo trabaja con recursos superiores a lo habitual, pero de menor intensidad.

Por último alcanzamos la Fase de Agotamiento, los recursos del organismo se han perdido de forma progresiva, incluso repentina y llegando a ser inferiores a los valores normales. Este agotamiento puede afectar a todo el organismo o a un sistema u órgano específico, pero no es irrecuperable salvo en casos extremos.

El entrenamiento debe diseñar ejercicios que reproduzcan de la forma más fiel posible posibles situaciones de riesgo, o simplemente de estrés, obligándole a trabajar con presiones psicológicas. A modo de ejemplo simplemente, podemos realizar un ejercicio de tiro del tipo IPSC, pero en el cuál el ejecutante debe localizar las piezas, la munición, o un objeto determinado, o todo simultáneamente, antes de comenzar el ejercicio de tiro propiamente dicho. Si además le provocamos mayor agobio con comentarios jocosos, retirándole piezas del arma mientras la monta, o cartuchos mientras los introduce en el cargador, su nivel de estrés puede ser bastante alto. No es como si le dispararan pero, orgánica y fisiológicamente se aproxima bastante.

Todos los seres humanos tenemos un miedo innato, siendo el enfrentamiento con un agresor armado una de esas situaciones que no podemos calibrar hasta que suceden de verdad y cuando llegamos a esta situación, es demasiado tarde para corregir algo.

Ninguna simulación por muy real que sea, puede preparar a nadie para enfrentarse por primera vez a un agresor armado dispuesto a matar. Pero sí podemos, y debemos, acercarnos todo lo posible a ello, siempre se reaccionará mejor que sin entrenamiento alguno. Si a esto le unimos una mentalización adecuada y positiva, una respuesta agresiva e inmediata, y un deseo y capacidad de superación y supervivencia, innato en todo ser vivo, es muy probable que salgamos victoriosos de cualquier enfrentamiento.

Estas son en líneas generales las características de una reacción de estrés. Como hemos expuesto a lo largo de este punto son los recursos de que dispone el individuo, el elemento clave para manejar una situación potencialmente estresante. En función de los recursos disponibles percibiremos una situación como estresante o simplemente, ‘”emocionante”. Un operador bien instruido puede desenvolverse en situaciones de riesgo con un alto grado de control, mientras que un novato puede percibir la misma situación como insuperable, sintiéndose completamente desbordado por ella.

Nuestros recursos, dependen de la disponibilidad de respuestas adecuadas a las diversas situaciones, desarrolladas a lo largo de un proceso de aprendizaje y de la habituación progresiva a la actuación bajo condiciones estresantes, fruto del adiestramiento permanente.

No existen recetas mágicas, sin un mínimo conocimiento de base de los principios en los que se fundamentan las técnicas psicológicas, estas son de muy poca utilidad.

La validez de la aplicación de estas técnicas es algo muy personal para cada individuo y depende mucho del trabajo personal de cada uno consigo mismo.

Después de todo lo anterior queda claro que el miedo natural y sano que sentimos ante una acción armada hostil, puede ser controlado y encauzado correctamente. Resumiendo, y a modo de corolario, ello es posible principalmente por medio de los cinco puntos que ya hemos estudiado:
  • Entrenamiento. Clave principal de toda supervivencia.
  • Experiencia. Toda primera vez es siempre la más dura, luego se hace más fácil; cuantas más exposiciones a situaciones de riesgo, más pre-condicionados estaremos.
  • Confianza. El exceso de confianza mata, ya lo dice el refrán castizo “la confianza mató al gato”. A menudo, los demasiado confiados son también los que menos entrenamiento poseen, no creían necesitarlo. Los ejercicios prácticos de fuerza contra fuerza infunden mucha confianza.
  • Control situacional. A mayor control del entorno menos temor sentiremos.
  • Control del miedo. Admitiendo que tenemos miedo. Evitar insistir en el pensamiento de fracaso. Controlando cuerpo y mente.
Concentrándonos en terminar el trabajo y reforzando la capacidad de enfrentarse a lo esperado y a lo inesperado. Convirtiendo miedo e ira en motivaciones. Y aceptando un elemento de suerte en cada posible situación.

El miedo es la respuesta de defensa del organismo, debemos saber sacarle todo el provecho posible.

Puede parecernos imposible, pero nunca lo es.

La mente puede con cualquier cosa.

Con lo cual solo se obtiene una conclusión:
  • El que crea que puede hacerlo lo hará.
  • El que crea que no puede no lo hará.