sábado, 3 de octubre de 2009

SIN NOMBRE Y SIN BANDERAS

No puedo recordar qué individuo me insultó o trató de insultarme, diciéndome: ” Usted es un mercenario”.

Me resbaló la agresión, de hecho no le di importancia y seguí conversando con otros contertulios, indignado el agresor se retiró de la mesa donde bebíamos una cerveza alegremente hasta que al desatinado se le ocurrió hablar de política; de hecho no me meto en esos asuntos donde siempre hay rencores, odios y una vida amargada.

Prefiero la vida tranquila y productiva, por lo demás nadie puede obligar a nadie a seguir un determinado partido político, pese a que tengo amigos en todos los sectores.

Todo esto lo digo porque conocí a un hombre joven cuando recién me había acogido a retiro de la Policía de Investigaciones de Chile. Recuerdo que me dediqué a visitar a cuanto amigo tengo, familiares y lugares que nos agradan a mi esposa y a mí; lo que no puedo recordar cuándo fue la primera vez que vi a Juan González, un nombre común para un hombre no tan común.

Lo más probable es que hubiéramos entablado una charla en un grupo de gente en retiro de las Fuerzas Armadas, Carabineros e Investigaciones. Durante la conversación él se dirigió a mí con evidente curiosidad al saber mi nombre y el cargo que tuve dentro de mi institución; simulé estar tranquilo, pero por dentro permanecí alerta y grababa en mi mente cada palabra de este Juan.

Perdón, don Eduardo, supe que se había retirado bastante joven de las filas policiales.

Don Juan, si usted pertenece a las Fuerzas Armadas - tenía alrededor de 35 años, fuerte, con su aspecto latino muy saludable - comprende que podemos retirarnos con pensión a los 20 años de servicio y menos de 40 años de edad; yo lo hice con 25 años de servicio y tenía recién 46 años. Ninguna novedad como usted ve agregué con una sonrisa, mientras el resto bebía y charlaban hasta por los codos. Intrigado por su comentario, mirando mi copa comencé a hablar de modo que sólo él me oyera.

Usted tiene aspecto de soldado profesional ¿Nos conocimos mientras yo era Detective? Claro usted es más joven que yo.

Es cierto que soy un parlanchín para hablar de cosas sin importancia, bueno para las bromas, pero hay ciertas cosas que un ex policía evita hablar; por ejemplo nunca decir el gobierno está mal o bien u otra imprudencia similar. La verdad es que oí hablar de usted y de su sigilosa carrera funcionaria. ¿Bien o mal ?

Una sonrisa en mis labios hizo el milagro para que el hombre hablara casi desenfadadamente.

Soy mercenario, usted a oído que hay un “despelote” en el gobierno porque nos están preparando para ir al Golfo Pérsico.

¡Ah, sí, para ir a Irak!

Exacto, me atrevo a decírselo por su reputación de hombre reservado. Más de alguno de mis amigos que ya están hablando tonterías con el trago, va a abrir la boca. En el fondo quiero saber su opinión acerca de los mercenarios.

¡Uff, mi diplmacia sufrió un sobresalto! ¿Cómo diablos iba a decirle que ir a matar por un sueldo no estaba de acuerdo con mis principios? Busqué desesperado una respuesta que me dejara bien parado, pero sin mentir.

¿Qué flautas pasa con usted? ¿No encuentra trabajo en Chile o le gustan las aventuras? Parece que no fue muy diplomática mi respuesta, pues el soldado quedó meditabundo como sopesando sus palabras.

¿Qué le parece no tener esposa, soy soltero, mis padres ya fallecieron y apenas tengo amigos? De hecho no hay nada que me obligue a quedarme en Chile, me despidieron de mi trabajo; me encontré con los antiguos camaradas que hicimos el Servicio Militar y un oficial que anda buscando soldados para prepararlos para luchar en Irak. De modo que usted no aprueba mi calidad de mercenario; no lo culpo, pues ahora se dedicará tranquilamente a su familia y amigos, libre de la obligación de perseguir delincuentes …, su guerra ya terminó.

Bebió un largo trago de cerveza, mientras yo maldecía para mis adentros tener que confrontarme con un compatriota cuyo negocio era la muerte. Somos tantos los abandonados por la suerte … ¡Ja! Me ven como a un Rambo, pues ya he estado en otras guerras, en África y otros lugares.

¿Tanto le importa mi opinión, estimado señor? Oí hablar de usted ahora que estamos en democracia, después del golpe militar. Siempre cauto, sereno, nadie le conoce “caída” alguna; se retira tranquilamente, pero… muchos lo recuerdan como un policía aguerrido.

Sabe, don Juan, me limité a cumplir con mi deber y … aún no veo su interés en mi persona.

Don Eduardo, comprendo que se encuentre molesto …, pero estos tragos son mi despedida antes de embarcarnos para el medio oriente. La verdad es que lo conocí cuando era Detective y yo un muchacho que hacía mi servicio militar; quería imitarlo, pero …¡Qué diablos, no pude ingresar a su Institución! Y, vaya qué tiene psicología, pues me gustan las aventuras y si me pagan por ellas … mejor aún. Lo miré largamente a sus ojos, alcé mi copa.

¡Qué Dios lo acompañe y le quite ese terrible afán de matar y, seguramente, caer muerto en un frente de batalla de una guerra que no es suya!

Nos bebimos el trago, desocupando los vasos y ya no hablamos más del asunto, nos sumamos a la algarabía de los viejos amigos. El mercenario me miró y supo que yo no hablaría del tema con nadie. Han pasado muchos años y recién lo traigo a mi memoria, tal vez porque escuché de los soldados que salen a otros países bajo otras banderas … o un sueño me hizo recordarlo.

Consulté entre los amigos comunes que teníamos … nadie ha vuelto a saber de él.

Quizás sus huesos estén tapados por los pedruscos de un desierto lejano …; sí, sí, muy lejano. Ni una cruz, nadie que lo llore … ni una flor en una tumba solitaria y abandonada de un hombre sin bandera.
Oscar hugo - 06/04/2009
Publicado en Comunidad de escritores