miércoles, 20 de enero de 2010

El Conductor de Seguridad

El 70 % del riesgo al que puede estar sometido un equipo de protección se produce durante los desplazamientos en vehículo.

Se destinan importantes partidas presupuestarias para la adquisición de vehículos y sistemas electrónicos como inhibidores o comunicaciones, sin embargo, apenas se le presta importancia a las necesidades de formación, perfeccionamiento y práctica continua que requieren las personas encargadas de su manejo, que son los conductores de seguridad.

La conducción de seguridad es una de las grandes olvidadas entre las materias que integran los módulos formativos de seguridad en nuestro país. Otras veces, cuando es tratada, se realiza de una manera excesivamente sencilla, con poca teoría y ejercicios básicos ejecutados en condiciones poco realistas que el propio alumno no es capaz de reproducir posteriormente en una situación real.

Las dos situaciones más habituales que se pueden observar en el trabajo de seguridad con vehículos dentro del ámbito español son: chóferes de flotas oficiales o de confianza de las empresas que trabajan en conjunto con las cápsulas de seguridad, y vehículos conducidos por escoltas de los diversos servicios de protección, pero que carecen frecuentemente de una especialización adecuada para ese puesto.

A menudo se identifica a la conducción de seguridad con una serie de maniobras violentas de carácter ofensivo o defensivo. Sin embargo, el término es mucho más amplio y engloba todo lo relacionado con el desplazamiento en vehículos, incluidos los desplazamientos que se realizan en rutina, los aspectos relacionados con la planificación de itinerarios o, incluso, aquellos relacionados con la operatividad y mantenimiento de los vehículos.

Requisitos del conductor de seguridad

Ante todo, el conductor de seguridad debe ser un miembro más del equipo de protección, con cualificación de escolta y especializado en conducción de seguridad. Es altamente recomendable que esté capacitado como tirador. Debe tener también conocimientos de mecánica, primeros auxilios y comunicaciones.

Es habitual observar a chóferes oficiales o chóferes de confianza que conducen los vehículos principales de los protegidos. Estos chóferes no son personal de seguridad. No hablan el lenguaje del equipo de protección y, normalmente, poseen vicios y rutinas de conducción contrarias a las necesidades de seguridad. Cuando hay dos vehículos, el de protección o escolta es normalmente conducido por un miembro del equipo de protección.

La existencia de personal no operativo en uno de los puestos más importantes, como es el de conductor del vehículo principal, trabajando junto a los escoltas profesionales reduce en gran manera la eficacia del sistema de seguridad, provoca falta de coordinación y fluidez en los movimientos con varios vehículos, y representa, en general, una nula capacidad de respuesta eficaz en situaciones de emergencia.

En contadas ocasiones, algunos de estos chóferes han recibido algún tipo de formación de perfeccionamiento de conducción, o de conducción de seguridad básica, pero esto no resulta de ninguna manera suficiente para poder integrarse en la dinámica y necesidades concretas de un equipo de trabajo.

En otros casos, se le presta la atención necesaria a la correcta cualificación del conductor del vehículo vip, pero no a la de los conductores de los otros vehículos de la cápsula. En el caso de dos o más automóviles, la labor desempeñada por los vehículos de acompañamiento es de igual o mayor importancia que la del vehículo vip. Serán los encargados de seguir, cubrir, anticiparse a las situaciones de tráfico y adelantarse cuando sea necesario sobre la ruta con el objeto de dar seguridad al vehículo principal.

En muchas ocasiones, el vehículo de escolta tiene menos prestaciones que el vehículo principal, y obliga al conductor de este vehículo a exprimir con frecuencia el máximo rendimiento a la mecánica para poder garantizar la labor de cobertura. Todo esto es motivo para que el personal asignado a los puestos de conductores de los vehículos de acompañamiento posea el más alto grado de especialización posible.

También es habitual en el caso del personal operativo que los diferentes miembros de los equipos de protección roten cíclicamente por el puesto de conducción. Esto es un grave error. Los puestos de conductor deben ser permanentemente ocupados por los escoltas más cualificados del equipo, aunque debe estar planificada, lógicamente, su sustitución por otros miembros de la cápsula (que tengan formación específica a ser posible), en caso necesario.

La conducción de seguridad necesita práctica
y perfeccionamiento constante.

Durante el trayecto con vehículos el conductor se convierte en el máximo responsable de la seguridad de su equipo. Hay que ser consciente y asumir la responsabilidad. La necesidad de hacer uso de técnicas de conducción de seguridad ante una situación de emergencia requerirá de la aplicación de actos reflejos que sólo es posible conseguir con entrenamiento continuado.

Acumule el mayor nivel de conocimientos posibles y practique periódicamente para asegurarse de que mantiene sus capacidades.

En algunos casos será su unidad, empresa o cliente quien se encargará de facilitarle los medios para una correcta formación. Pero son muchas las ocasiones en las que los profesionales de este país, movidos por un afán de mejora, y con importantes esfuerzos personales, deben hacerse cargo de su propia formación y de mantener posteriormente los conocimientos adquiridos con un entrenamiento regular.

Estas son algunas recomendaciones para aquellas personas que se encuentren ante esta necesidad de adquirir conocimientos específicos sobre esta materia, o de poner en práctica lo ya aprendido con anterioridad.

Recomendaciones

Las técnicas y ejercicios aprendidos en las escuelas de conducción se realizan en muchas ocasiones en condiciones poco realistas, con vehículos desprovistos de ayudas electrónicas, en amplias superficies y de poca adherencia, habitualmente a baja velocidad, con solo uno o dos ocupantes a bordo, e incluso con presiones de neumático modificadas con el objetivo de que dichas maniobras resulten más fáciles de realizar para el alumno, y dicho sea de paso, para lograr una mayor longevidad y menor desgaste mecánico de los vehículos de escuela.

En las escuelas de conducción de nuestro país hay excelentes instructores que provienen, en la mayoría de los casos, del mundo de la competición. Estos instructores son válidos para impartir materias básicas, pero no lo serán para formaciones avanzadas. La falta de conocimientos profesionales de seguridad les impide ir más allá de las cuestiones meramente técnicas (manejo de vehículos).

Si desea acudir a escuelas de conducción, seleccione aquellas que le garanticen las condiciones más realistas de entrenamiento y posean, entre sus instructores de conducción, personal que proceda del mundo operativo. Ellos hablarán mejor su propio lenguaje, y podrán adaptar la formación a sus propias necesidades.

Realice algún curso de primeros auxilios enfocado particularmente a accidentes de tráfico. Realice también algún curso de prácticas contra incendios.

Recuerde que a lo largo de su vida profesional seguramente no necesitará efectuar ni una sola maniobra de conducción ofensiva-defensiva provocada por una situación de peligro. Esperemos que sea así.

Sin embargo, realizará, seguro, miles de kilómetros en condiciones nocturnas, de baja adherencia por hielo, nieve o lluvia, o de baja visibilidad por niebla.

No se concentre solamente en adquirir un alto nivel en materias de conducción de seguridad. Acuda a cursos de perfeccionamiento de la conducción, de técnicas avanzadas, o incluso de introducción al pilotaje.

Ello le dotará de un superior nivel de conocimientos y práctica, un mayor margen de seguridad, tanto para usted como para sus acompañantes, y de herramientas que podrá utilizar continuamente en su trabajo diario.

Aunque las labores de mantenimiento del vehículo deben ser realizadas por mecánicos especializados, es necesario que el conductor posea la mayor cantidad de conocimientos posibles sobre mecánica. Adquiera todos los que pueda.

Ello le facultará para poder determinar el grado de operatividad permanente del vehículo, realizar las inspecciones previas diarias, y reconocer fallos iniciales que puedan desembocar en la puesta fuera de servicio de dicho vehículo. Asimismo, le permitirá desarrollar pequeñas reparaciones sobre el terreno, en caso necesario.

Si realiza prácticas privadas de conducción con el objeto de entrenar, hágalo en condiciones realistas. Intente, en la medida de lo posible, practicar con su vehículo de trabajo habitual (sabemos que esto en muchas ocasiones no es fácil) y con el número usual de ocupantes o un peso equivalente.

Invite ocasionalmente a las prácticas a sus compañeros integrantes de la cápsula, es probable que algunos no tengan formación específica de conducción de seguridad.

Familiarícelos con las particularidades de la conducción, y con la brusquedad de algunas maniobras ofensivas y defensivas. Ello creará confianza hacia usted y sus capacidades, necesaria en una posible situación de emergencia.

Si trabaja en conjunto con otros conductores, es altamente recomendable algún tipo de práctica conjunta de manera regular.

Rapidez y seguridad en la conducción marcha atrás es una de las herramientas más deseables para un conductor de seguridad. En la mayoría de los casos de ataque o bloqueo en el sentido de la marcha, la mejor y más rápida maniobra para salir de la zona de máximo riesgo puede ser una maniobra de marcha atrás.

En la conducción marcha atrás a alta velocidad es muy sencillo desembocar en una pérdida de control. Adquiera la mayor destreza posible en esta maniobra y practíquela con frecuencia. La visibilidad hacia atrás puede estar comprometida por los propios ocupantes o el estado de la luneta trasera. Practique con y sin el uso de los espejos retrovisores, practique, asimismo, con una sola mano y en posición semitumbada.
Publicado en TodoSeguridad