miércoles, 13 de enero de 2010

Primer círculo de seguridad

Cuando el equipo principal de protección actúa (cuando sufre un «altercado»), es porque el círculo de seguridad se ha roto, el trabajo anterior de prevención ha fallado. Estamos metidos en un lío y ya no hay remedio, seguramente se podría haber evitado, pero ¿cómo?
La contravigilancia juega un papel importantísimo, determinante, en cualquier dispositivo de seguridad que se precie como tal. Si podemos disponer de este elemento, nuestras probabilidades de sufrir «atentados» se reducen considerablemente, porque su labor principal es la prevención, en definitiva, la información y, amigos, la información es poder, y en este trabajo, mucho poder.
Etimológicamente hablando, si la palabra existiese, contravigilancia es aquello que se hace con el fin de acabar con una vigilancia. En otras palabras, la contravigilancia se podría definir como el conjunto de medidas, activas o pasivas, que se llevan a cabo para evitar, neutralizar o hacer ineficiente la capacidad de un sistema de vigilancia. Es decir, es una vigilancia para contrarrestar, detectar otra que nos pudiesen estar haciendo.

La contravigilancia la podemos entender de muchas maneras, las medidas pueden ser humanas y electrónicas, las que a nosotros nos atañen son las primeras, que son con las que convivimos día a día en nuestro trabajo. Esta contravigilancia se caracteriza, y esto la hace muy importante, por su movilidad e independencia con respecto al resto del dispositivo, sin olvidar nunca que es parte integrante del mismo. Por lo general, suele estar compuesta por una o dos personas, y dotada de un vehículo, tiene varias funciones, todas orientadas a esa detección de la que antes hablábamos.

Nuestro primer cometido es el de reunir toda la información posible acerca de los movimientos de nuestro protegido. Esta nos la debe suministrar el equipo principal de protección. La intercomunicación con el resto de dispositivos de seguridad, ya sea con la estática, como con el grupo principal de escoltas, debe ser fluida, para el buen funcionamiento del equipo.

Con esto ya podemos empezar a trabajar. Nos ocuparemos de hacer estudios del entorno o entornos a los que asista periódica y habitualmente (comida, ocio, familiares…), con especial interés, en su domicilio y su principal lugar de trabajo. Así pues, efectuaremos un análisis y una evaluación de riesgos de cada uno de los sitios y de las rutas de desplazamiento, señalando las zonas más vulnerables de todas ellas, donde sea más fácil que suframos algún percance.

Posteriormente, comenzará la labor propia de contravigilancia. Tenemos que ser capaces de observar sin ser observados. Por eso nuestro comportamiento tiene que quedar encuadrado dentro del entorno donde nos movemos, debemos «adaptarnos» a la zona, no realizando acciones extrañas, haciendo uso de cualquier elemento para no levantar sospechas. Tomar un café en una cafetería mirando a través de la ventana, sentarnos en una parada de autobús, andar a un ritmo normal, adecuado, deprisa cuando sea necesario, y despacio cuando el momento lo requiera, mirar un escaparate… Lo único que debe verse es una persona tomando café, esperando el autobús, de compras, paseando… En todos estos y otros casos, lo importante es el tiempo que le dediquéis, levantaos de la parada cuando pase el mismo autobús tres veces, de la cafetería cuando llevéis mucho rato, en fin, adaptaos en espacio y tiempo.

Pero ¿qué debemos observar? A menudo, en nuestro afán de ver todo, el resultado es todo lo contrario, vemos nada. En este sentido, debemos distinguir dos momentos, uno, el de mayor riesgo, que es cuando se va a producir un movimiento del protegido, entradas o salidas, y otro, de menor riesgo pero no por ello menos peligroso, constituido por el resto de situaciones.

Cuando no haya movimiento, observaremos todo nuestro entorno, mención especial a los vehículos: aplicaremos los conocimientos básicos en seguridad, cerraduras forzadas, maletero «tocado», matrículas que no se correspondan (modelo-antigüedad), «dobladas», que hayan podido ser manipuladas, más peso de lo normal en el vehículo, bultos en su interior… Tened especial cuidado con elementos que formen parte del entorno y que puedan tener dentro alguna «sorpresa», papeleras, contenedores de basura, etc., y todos aquellos que estén donde no deben estar, paquetes, cajas… Así que, (como de momento) no estamos dotados de visión de rayos X, ya sabéis lo que toca, mirad con cuidado (no les peguéis patadas, por favor!!!).

Con el tiempo, nos familiarizaremos con la zona, con los vehículos y las personas, nos «sonarán» —pensad que también vosotros a ellos—, formarán parte del entorno, aunque no por ello dejaremos de observarlos, cualquier persona o cosa es susceptible de sospecha. Pensad al contrario, es decir, cómo lo haría un malo, dónde sería más fácil tender una emboscada, qué sitios me ofrecen mayor visibilidad, cuál me ofrece mejor ruta o rutas de escape…

Comprobaréis que al pasar por cualquier lado hay alguien que os llama la atención, y no porque esté haciendo una u otra cosa, sino por la actitud. Cualquier detalle es importante, aunque no lo creáis, su forma de vestir, camisa por fuera, chaqueta en verano, su inquietud, pensad que todo lo que os llame la atención, también la llamará al resto, tomad nota y aprended qué es lo que no debéis hacer.

Y bien, alguien nos llama la atención, por la razón que sea. Necesitamos que ese elemento distorsionador desaparezca, ya sea físicamente, ya sea comprobando que, en efecto, ese sujeto con cara de pocos amigos y que lleva un buen rato ahí, lo único que hace es esperar a su novia y que su enfado se debe a eso, a la espera.

Es decir, necesitamos «limpiar la zona». Apáñatelas como sea, pero ese tipo no debe estar ahí. Búscate la vida, amigo —me dijeron una vez—. Lo que yo haría sería incordiar, molestar, ponerme a su lado. Haz que se sienta incómodo, no quieres nada de él, sólo que no esté. Si es malo, y tus sospechas son ciertas, en cuanto se vea descubierto se largará de ahí. Si no, no estás haciendo nada malo, la calle es de todos, extraño sí es, pero nada malo, se hartará y se quitará…, o no. A esto es a lo que denominamos «morder».

Ten en cuenta que habrá veces que en un mismo sitio haya distintos grupos de contravigilancia y que ambos seréis elementos extraños en la zona de cada cual, detéctales tú antes que ellos a ti. En este sentido, cabe recordar «encuentros casuales» (como los denominan) entre distintos grupos de contravigilancia y con enfrentamiento incluido, como no hace mucho, entre grupos de fuerzas y cuerpos de seguridad. Aunque alguna vez el objetivo de vigilancia pueda encontrarse entre ellos, pero este es otro tema, mucho más complicado, que, al menos a mí, se me escapa.

Los momentos en que se produzcan entradas y salidas son los de mayor riesgo, como decíamos antes, y es en esos momentos cuando podemos observar otro tipo de cosas, que sólo así podrán ser detectadas, como la correlación con los movimientos de los escoltas, es decir, movimientos de vehículos o personas justo en ese momento, también el uso de equipos técnicos de transmisión en ese espacio de tiempo, o sea, que en ese momento veamos que alguien utiliza el teléfono móvil, un radiotransmisor, etc.

Una contravigilancia puede ser utilizada como «avanzada», precisamente por esa independencia y esa movilidad de las que está dotada. Debe efectuar una labor de «limpieza», tanto del lugar, como del trayecto, anticipándose a los movimientos del equipo, es decir, tiene que estar antes de que ellos lleguen y asegurar la zona.

Para cuando ellos lleguen, deben saber por dónde entrar, zonas seguras en caso de altercado, posibles salidas, ruta segura, rutas alternativas. Vosotros seréis sus ojos. Por lo general, serán sitios habituales de desplazamiento, con lo cual ya deberemos estar familiarizados con ellos. En cualquier caso, es muy importante que el movimiento de la contravigilancia no suponga movimiento del protegido, es decir, que nuestras acciones no «marquen» las salidas o entradas. Lo ideal sería que nuestros movimientos fueran esporádicos, con distintos intervalos de tiempo en cada sitio, con el fin de no crear un patrón de comportamiento y que una acción, la nuestra, no preceda a otra, la del jefe.

Hasta ahora, hemos tratado a este elemento solo como preventivo, pero, obviamente, como cualquier elemento de seguridad, puede cumplir una función disuasoria. Cuando nuestra labor se prolonga, puede ocurrir que, al final, nuestra presencia se note. En muchos casos, determinados grupos de delincuencia supeditan sus objetivos a los elementos de seguridad de los que están dotados, por eso la mera presencia de una patrulla de contravigilancia puede ser motivo suficiente para que se olviden de nosotros (por lo menos, estos). Quién sabe cuántos altercados has evitado simplemente por estar ahí.

En definitiva, la movilidad y la dependencia dotan al dispositivo de un valor importantísimo. Su labor preventiva es fundamental, nuestra discreción debe ser absoluta, por eso hay que tener en cuenta que en la mayoría de las entradas y salidas del protegido debemos centrar nuestra mirada (ahora más que nunca) en el entorno. Muchas veces, nuestra labor se estropea por buscar un cruce de miradas con él. Ahí, en ese momento, estás fallando, no miras donde debes, ni a quien debes.

Sois el primer eslabón de una misma cadena, y si fallamos, pasaremos a ver de qué material está compuesto el segundo, y, a lo mejor, no es tan resistente como pensábamos y se rompe. Por eso, cuando hagáis contra no penséis que no estáis haciendo nada, que estáis siendo desaprovechados, que yo —siempre aparece el maldito ego— demostraría todo mi potencial estando ahí, detrás del jefe, donde él viese lo bueno que soy. No entréis en ese juego, no conduce a nada. A pesar de que parezca que estamos al margen (tenemos autonomía), todos formamos parte del mismo equipo, todos vamos en el mismo barco, y éste sólo llegará a buen puerto si remamos en la misma dirección.

Y para acabar, recordad algo muy importante, que no les veáis no significa que no estén ahí afuera. Estad siempre alerta, os puede ir en ello el trabajo… o la vida, quién sabe de quién.
Publicado en TodoSeguridad