jueves, 4 de marzo de 2010

GAR: La mejor vacuna contra el virus de ETA

Un interesante articulo de Intereconomía sobre nuestro el más orgulloso y el mejor preparado unidad policial, El GAR y como bién dice algunos,,, Si no existiese El GAR habría que inventarla, pubicado en 28 de febrero de 2010 escrito por Jorge Bustos.


El lugar más seguro de España no es la cámara acorazada que custodia lo que queda del oro del Banco de España; el lugar más seguro de España es la sede del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil, en Logroño.

Al fin y al cabo, la seguridad es una sensación, y uno no se ha sentido a mejor recaudo como rodeado de la élite antietarra del Estado, una de las fuerzas más prestigiosos de Europa en materia de lucha contra el terrorismo. La estructura actual de la UAR, fijada por Orden Ministerial del Gobierno Aznar en 1998 y mandada por un coronel, integra a su vez dos departamentos: el Grupo de Acción Rápida (GAR) y el Centro de Adiestramientos Especiales (CAE), con un teniente coronel al mando cada uno. Que es como decir la práctica y la teoría necesaria para poder desarrollar tal práctica.

Sin embargo, las primeras siglas UAR datan de 1978 y correspondían a la Unidad Antiterrorista Rural, creada para responder a la entonces creciente actividad terrorista de una ETA joven y poderosa. Pero, como cualquier virus, si algo bueno ha tenido ETA, es haber generado por reacción la mejor vacuna concebible. “El 90% de nuestro trabajo consiste en la lucha contra la banda”, explica un miembro del GAR a ÉPOCA, en una gélida mañana riojana que corta la piel del periodista, pero parece acariciar la del guardia anfitrión. “Claro que si en un control topamos con otro tipo de delincuente, no lo vamos a dejar escapar”. Por el bien del delincuente, no le convendría intentarlo.

La UAR cuenta con cuatro compañías siempre operativas, desplazadas en las tres provincias vascas y en Navarra, como no podía ser de otra manera. Pero todos los aspirantes a integrar la unidad más adrenalínica, más amenazada y también mejor remunerada de la Guardia Civil deben pasar primero por el temible curso de formación del CAE. Si ustedes sienten la curiosidad de saber cuánto cobra un GAR por empezar cada mañana mirando debajo del coche para ir al cuartel y pasarse un mínimo de 15 días patrullando por los pueblos más hostiles e ideologizados del País Vasco antes de poder regresar a su casa a pasar un finde, les confieso que no se lo pregunté a ninguno. Preferí evitarme una segura indignación.

Toda democracia debe tener un cuerpo de insomnes vigías como este -al que nunca pagará como merece-, pero muy pocos españoles son capaces de convertirse en un GAR. Extrañado por la manifiesta ausencia de mujeres en la compañía, inquirí acerca de una hipotética discriminación por reglamento. “No, no, si puede entrar quien quiera. Lo que pasa es que en 30 años ninguna mujer ha superado las pruebas…”, explica, casi como si le extrañara, un veterano de ojos transparentes y barba rala. “Claro que hay que reconocer que el curso es un puteo. Duermen poco, la exigencia física es máxima y tienen que hacer cosas como tirarse de un helicóptero a 20 metros sobre un pantano, sin paracaídas ni nada”. Un puteo, o sea.

Si cada año entran 300 aspirantes, la primera semana deserta una veintena. Y acaban el curso unos 40… “cuando la promoción es buena”. Los que superan el curso asumen un periodo de servidumbre -de servicio obligatorio en el GAR- de cuatro años, antes de poder elegir si se quedan o se van. La mayoría se queda. A los 40 años los jubilan y los cambian a una unidad menos estricta, porque ha de ser un cuerpo en constante plenitud de condiciones físicas; pero hay casos excepcionales, como el de uno de nuestros anfitriones, que supera los 40 pero permanece en el GAR por su excepcional conocimiento de la geografía vasca.

Por lo demás, uno ha conocido muchos veinteañeros bastante más enclenques que nuestro veterano. Se formó en los paracas -ya le seducía el riesgo- y se ha pasado la vida patrullando. En una ocasión, llegó a un cruce montado en su moto de Guardia Civil; eligió girar a la derecha y unos compañeros que iban en coche patrulla giraron a la izquierda. De pronto, una explosión. El coche calcinado, sus ocupantes ilesos de milagro, pero si el motorista hubiera girado a la izquierda... Y como ésta, otras tantas. “Aunque el día a día no es tan peliculero”, nos advierte otro compañero. “Controles, protección de cuarteles o tirarse cuatro días peinando el campo…”. Otra cosa es lo que te encuentres al peinarlo: así aparecen los zulos o los polvorines atiborrados de amonal.

Cuando le preguntamos al veterano si ha participado en la detención de algún histórico de ETA, contesta rápido: “He estado en muchos sitios, pero yo no detengo a nadie. Los detiene la unidad”. Humildad de soldado. Excepcionalmente, está casado: “El 80% está soltero, y es la unidad con mayor índice de divorcios”. Comprensible. Cuando en el folleto de reclutamiento se advierte “no es necesario ser soltero”, es porque quedaban bastantes dudas…

En la mesa de trabajo de este hombre, sin embargo, no encontramos la típica foto de la mujer y los hijos: sobre el teclado, a un tamaño considerable, aparecen las fotografías de Itziar Moreno Martínez e Iván Sáez de Jáuregui Ortigosa, dos de los etarras más buscados del momento. El agente repasa a diario sus facciones. Si se topa con ellos en un control, los reconocería aunque se hubieran cambiado de sexo.

¿Qué pensará uno de estos hombres sobre la pasada negociación de Rodríguez Zapatero con ETA? Una opinión tienen formada, pero no la revelarán nunca, por lealtad. Como mucho, alguno se limita a señalar, con laconismo: “Aznar vino a vernos, pero Zapatero todavía no ha venido”. A buen entendedor, etcétera. Como mucho, pedirán que cumplan las penas íntegras aquellos que arrastren delitos de sangre, por más que la banda se haya entregado y disuelto. Sí opinan en cambio sobre la cacareada decadencia de la banda etarra. “No se puede decir nunca que el fin está cerca. Matar es fácil. Mira lo que pasó en la casa cuartel de Burgos: quizá hubo un exceso de confianza”.

El primer mandamiento del Decálogo GAR, redactado por el teniente Ignacio Mateo Istúriz, reza así: “El hombre GAR se compone de alma, cerebro y músculo; debe por tanto atender a su formación moral, intelectual y física”. El tercero dice: “Lo difícil lo hará y lo imposible tardará un poco más”. El cuarto ordena: “Nunca se quejará de que el servicio es duro: la climatología, el sueño, el hambre y el cansancio no serán más que pequeñas anécdotas en el cumplimiento del deber”. Es evidente que si los tiernos códigos de buenas prácticas pergeñados por el PP o el PSOE albergaran la décima parte de este nivel de exigencia, este país no sólo no estaría en crisis sino que sería España quien decidiera a qué nación europea le concedía una silla en el G-8. Pero a los políticos no les pedimos ya ni esa décima parte de lo que nos proporcionan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que por algo lideran siempre el índice de estimación ciudadana en todas las encuestas.

ETA asesinó al teniente Mateo Istúriz en 1986: aparte de la suya, otras seis placas campean sobre el patio central del cuartel de Logroño, grabadas en un monolito que homenajea a todos los caídos en acto de servicio del GAR. Pero si la lucha contra el terrorismo es una forma de guerra, el GAR –el bando de la democracia y de la España de bien- va ganando por goleada a los miserables del hacha y la serpiente.

Sus operaciones exitosas contra la banda son innumerables. Fue el GAR el que liberó a Ortega Lara; fue el GAR el que puso cerco en la Foz de Lumbier al comando Nafarroa en 1990, de resultas del cual fueron atrapados tres terroristas, dos de los cuales se suicidaron antes de ser arrestados; fue el GAR el que atrapó, sin ir más lejos el pasado 13 de febrero, al etarra Ibai Beobide, cuando viajaba en bicicleta entre Asteasu y Villabona llevando consigo un arma, dinero, marihuana y la misión de montar un comando en Guipúzcoa; es el GAR el que ha participado en la mayor parte de las desarticulaciones de comandos de ETA en el País Vasco y Navarra; es el GAR el que, desde su creación, ha detenido a más de 360 personas por su presunta relación con ETA y su entorno, y ha llevado a cabo cerca de 1.000 registros.

Su grado de eficacia es tal que el Gobierno suele confiar en ellos para que presten servicios de protección ante cualquier eventualidad potencialmente conflictiva: la visita de Juan Pablo II a España en 1992, las Olimpiadas de Barcelona, la boda de Felipe y Letizia, etcétera. Del mismo modo que han prestado su apoyo a las Fuerzas Armadas en varias misiones internacionales: Bosnia (1996-2000), Kosovo (1999-2000), Afganistán (están allí desde 2003) o Jerusalén (donde protegen al cónsul español desde 2003).

Y más recientemente, desde este pasado mes de enero, 23 miembros del GAR se encuentran destinados en Haití como parte de la misión de la ONU, con la tarea de mantener el orden público en el devastado país. “Aquí todos sabemos hacer de todo”, nos explica un agente que cuenta con la licenciatura de Psicología, un curso preparatorio contra la violencia machista y hasta un diploma en hipnosis. “Todo conocimiento adicional es bienvenido, nunca se sabe cuándo se va a necesitar”, se justifica el concernido, mientras pegamos la nariz a los títulos enmarcados.

Un paseo por el gimnasio muestra el desgaste sufrido por los sillines de los aparatos, de puro usados. La galería de tiro es como las de las películas, pero la realidad exige añadir a la mera imagen un denso olor a azufre y el tableteo fulminante de un subfusil ametrallador con puntero infrarrojo. Un GAR sabe disparar una Beretta 92-FS, una ametralladora ligera, un lanzagranadas, un fusil de asalto o uno de largo alcance de los que usan los francotiradores, entre otras muchas armas. Sabe descender en rappel armado hasta los dientes, domina la lucha cuerpo a cuerpo, ensaya puntería casi a diario y entradas violentas en lugares sin iluminación para coger in fraganti al sospechoso. Domina la conducción de seguridad: el eslalon, la frenada asimétrica, el giro de 180 grados marcha atrás como maniobra evasiva o de interceptación. Hasta puede trasladarse amarrado al patín de un helicóptero sin dejar de apuntar a un blanco en tierra.

Este periodista pudo asistir a una completa exhibición de todas estas habilidades, y la ejecución nos aclaró por qué se hacen llamar Grupo de Acción Rápida. Contemplaba las evoluciones de los guardias desde lo alto de una colina azotada por el frío, enfundado en jersey y gabán largo, mientras a mi derecha, en camisa veraniega de manga corta color oliva, un amable camarada me describía las maniobras con la familiaridad de quien las ha ejecutado mil veces. Me fijé en su brazo desnudo: nada de piel de gallina, aunque rondábamos los cero grados. Se conoce que la epidermis de un GAR no se altera por menos de 10 bajo cero.

Nuestra visita coincidió con la de una delegación de la gendarmería jordana que, ataviada con su uniforme gris reglamentario, pasó la mañana comprobando junto a nosotros las capacidades del GAR español. “Constantemente nos visitan cuerpos de élite policial de todo el mundo. Ingleses, franceses, americanos… que vienen a aprender y a intercambiar conocimientos y experiencias”. No por nada hay en marcha un proyecto ya diseñado y presupuestado para convertir el Polígono de Experiencias para Fuerzas Especiales de la Guardia Civil -el campo de entrenamiento del GAR, a las afueras de Logroño, donde hemos asistido a la exhibición- en el centro de referencia europea para la lucha antiterrorista. Se construirá una ciudad simulada con sus calles, sus edificios y hasta entrada de metro, pistas para practicar la conducción de riesgo, campo de tiro con monigotes motorizados y mil elementos más que sirvan al perfeccionamiento de las más modernas técnicas policiales. Logroño será la meca de la seguridad.

Antes de partir de vuelta a Madrid, tenemos la oportunidad de estrechar la mano del general Ildefonso Hernández Gómez, ex responsable del GAR y hoy jefe de Unidades Especiales y de Reserva, cuya pechera luce más medallas que la de Michael Phelps. Habrá, como mucho, media docena de hombres en toda España que acrediten una experiencia comparable en lucha antiterrorista. Nos saluda cortésmente y musita una disculpa al despedirse: “Tengo que limpiarme las botas”. Otro ejemplo de observancia escrupulosa a la liturgia militar. El veterano de la barba responde a una última pregunta: “¿Nuestra valoración en el extranjero? Bastante buena, la verdad. Puede que haya cuerpos con mejor material. Pero a coraje no creo que nos gane nadie”. No dice coraje. Dice otra palabra que comparte la sílaba inicial y que viene a significar lo mismo.