martes, 13 de abril de 2010

HABLANDO DE ARMAS (Introducción a la Asignatura de Tiro)

Articulo publicado en el Blog de Sr. Ernesto Pérez Vera Tiro Defensivo
Escrito por José María de Vicente Toribio
- Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía

HABLANDO DE ARMAS
(Introducción a la Asignatura de Tiro)


Cual Garcilaso de la Vega, lo mismo domina las palabras y las letras, que las armas. Combate con la palabra, la pluma y la pistola, y lo hace de modo sobresaliente con cualquiera de ellas. A lo largo de su vida, lo ha demostrado.

José María de Vicente Toribio, es Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía, y además de ser docente en la Escuela General de Policía de Ávila, desde hace casi cuatro lustros, es novelista, poeta y narrador. José María, ante todo, es un gran ser humano.

En el mes de septiembre de 2009, Toribio fue galardonado con el Premio Literario: Policía y Cultura 2009, cuyo galardón fue entregado en Huesca. Este premio lo recibió por su obra, La Mar. Cuenta, nuestro personaje y amigo, con otros tantos títulos publicados, destacando entre ellos: Mausoleum y la Noche de Ulaca. La primera, de estas obras, está dedicada a su fallecido padre, al cual, aún, adora y admira. José María, el 23 de septiembre de 2009, en este blog recibió mi homenaje en forma de artículo.

Recientemente, el poeta de pluma al bolsillo y pistola a la cintura, ha redactado un maravilloso y realista texto sobre el compromiso que todo agente policial debe tener con respecto a la formación y el empleo de las armas de fuego en la labor profesional. El texto, merece ser integrado en el programa de formación de la Escuela en la que ejerce como Profesor, pero además, debería ser conocido por todos los policías del país, se formen en las academias que se formen. Por ahora, solo los alumnos de las secciones a las que, doctamente, imparte sus lecciones nuestro protagonista, tienen el privilegio de ser ilustrados con ese texto.

Por ello, hoy y aquí, lo hago público con el beneplácito de su autor.
Yo también soy un privilegiado.
Gracias José María.

HABLANDO DE ARMAS (Introducción a la Asignatura de Tiro)

Por: José María de Vicente Toribio.
Inspector – Jefe del C.N.P.
Profesor de Tiro, Tecnología de las Armas de Fuego y Explosivos.

El hecho de ser Policía implica, por función, portar armas de fuego que, potencialmente, son letales.

En las convocatorias de ingreso ya se anuncia como condición indispensable, y en la definición del Cuerpo Nacional de Policía se establece que es “un cuerpo civil armado”.

La judicatura, a través de innumerables sentencias, identifica al agente policial como perito o experto en el manejo de las armas de fuego.

Tal compromiso y obligación exige de nosotros una escrupulosa preparación.

Un Policía no sólo tiene que tener asumido el hecho de portar obligatoriamente un arma de fuego, como complemento indispensable de su uniforme, sino la prepa- ración psicológica y las habilidades necesarias para su utilización adecuada, en caso de ser necesario, en cualquier situación o circunstancia.

La utilización correcta del arma de fuego en nuestra actividad policial nos puede salvar la vida, salvar la de un compañero o la de terceras personas.

Y nunca debemos olvidar que un miembro del CNP debe actuar en la represión del delito en cualquier lugar o circunstancia, esté o no de servicio. En otras palabras, ante el delito, estamos de servicio permanente. Por el contrario, una mala utilización de esa herramienta de trabajo que el Estado ha puesto en nuestras manos, puede abrir a nuestros pies las puertas del infierno.

Cualquier Policía tiene que tener asumido que la utilización del arma, desde el momento de su desenfunde, ha de tener como fundamento “la última razón”, el último argumento. La exhibición innecesaria del arma fuera de tales límites debe cau- sar, como mínimo, sonrojo a cualquier profesional que se precie.

Pero una vez desenfundada, siempre dentro de los límites de la legalidad, el profesional debe tener adquiridas las suficientes habilidades para no traspasar ese límite, incurriendo en el delito.

Para cumplir todos esos requisitos el Policía ha de estar preparado, disponible, en forma. Napoleón decía que “las guerras se ganan con tres cosas: dinero, dinero y dinero”. Para que un Policía esté en condiciones de asumir el reto de utilizar correctamente el arma de fuego sólo hay un camino: práctica, práctica y práctica.

Y cuando decimos práctica no nos referimos al hecho de disparar con fuego real de manera reiterada. Cada disparo real, cada cartucho, debe de ser para el profesional como una “reváida” que le confirme en la eficacia de su entrenamiento “en seco” o, por el contrario, que le ratifique en la necesidad del cambio, a la vista del fracaso de su método.

Ello comporta, nada más, que el profesional “quiera hacerlo”, lo que significará claramente que ha asumido la importancia del reto. Y para ello no precisa ni de instalaciones especiales, ni de entrenadores ni de equipo.

Unas pocas horas a la semana, una habitación adecuada y un espejo de cuerpo entero, tomando previamente las medidas de seguridad básicas, son suficientes para que, con paciencia y perseverancia, consigamos obtener la “memoria neuro–muscular” necesaria para la efectividad en el manejo del arma (empuñadura, desenfunde y dirección de miras). Unos pocos disparos al mes en la galería (Plan Nacional de Tiro), nos irán confirmando los progresos.

Es lamentable comprobar cómo cuando examinamos el arma de un supuesto “profesional” la encontremos falta de mantenimiento, abandonada en su funda, sucia y con el cañón obturado por la pelusilla que suelta la felpa de la camiseta.

¿Saldría Ud. seguro a la calle con un compañero que llevase el arma en tales condiciones? Desde luego yo no.

PARÁMETROS DE LA REALIDAD


Los enfrentamientos armados en la calle son cada día más frecuentes. Esto es un hecho indiscutible que se debe a los factores sociales de “globalización”, de nuevo cuño en nuestra sociedad. Un enfrentamiento armado “imprevisto” (llegar a un lugar con un “atraco” en marcha, una identificación de sospechosos que resultan estar armados, etc.), se resuel- ve, hoy en día, bajo los siguientes aspectos:

a).- Proximidad. (Distancias cortas o muy cortas).

b).- Rapidez. (Escasos minutos o incluso segundos).

c).- Elevado número de disparos.
(Armas semiautomáticas, con cargadores de gran capacidad,
e incluso armas automáticas).

Ante tales situaciones el profesional policial debe de reaccionar de forma programada e instintiva, y para ello tiene que estar preparado.

El arma tiene que llevarse siempre en el mismo sitio, siempre de la misma forma; el profesional ante estas situaciones no puede tener que preguntarse: ¿dónde llevo hoy el arma?; ¿cómo llevo hoy el arma?; ¿Qué tengo que hacer para disparar?

De ser así la tercera pregunta, sin darse cuenta, se la estará haciendo por toda la eternidad.

Para sobrevivir al enfrentamiento son imprescindibles las siguientes normas:

1º.- Refugio. Ante un enfrentamiento armado el Policía tiene que tener “conciencia de parapeto”. Para ello debe discernir entre dos clases de parapetos:
a).- Que cubran de vistas y fuegos. Son los ideales.
b).- Que cubran de vistas, pero no de fuegos. Para ello el Policía tiene que tener conocimiento de la protección que le ofrecen vehículos, mobiliario urbano, farolas, etc.
2º).- Movilidad. Ante una agresión armada el Policía no puede quedarse estático, ni para apuntar. Debe moverse rápidamente hacia un parapeto mientras realiza fuego de cobertura sobre el agresor. Una vez parapetado retirará el cargador del arma, aunque no esté agotado (cambio táctico), por el de repuesto, sin despreciar nunca los cartuchos que queden en el primero.

3º.- Respuesta. Una vez a cubierto debe responder al fuego bajo estas tres premisas:

a).- Velocidad. Debe de ser rápido en la respuesta al fuego.
b).- Precisión. Una vez parapetado no puede desperdiciar ni un cartucho.
c).- Potencia de fuego. Se la da el calibre del arma.

Ya, para terminar, hablemos de la cavitación.

La balística se estudia en tres aspectos: interna, externa y de efectos.

Si ante la programación de un servicio existe el riesgo de enfrentamiento armado hay que estar biológicamente preparado. Si hay tiempo suficiente, manténgase en ayuno (como los toreros antes de una corrida). De lo contrario, procure evacuar antes de entrar en servicio.

La cavitación de un proyectil en una vejiga llena o vacía puede ser la diferencia entre la supervivencia o la muerte. Lo mismo ocurre con el intestino.

Ni que decir tiene que para lograr éxito en la empresa antes enunciada el Policía debe estar revestido de otra cualidad inherente al oficio: Valor.

Pero eso es algo que sólo lo otorga Dios. El resto se adquiere estando mental y físicamente preparado y eso sólo se logra con práctica, práctica y práctica.

Ávila, 14 de marzo de 2010.