viernes, 16 de julio de 2010

Corto 1 y Corto 2:


Escrito por Cecilio Andrade
Jul 15th, 2010

Voy a ir sacando pequeños comentarios, ya que por falta de tiempo es lo más que puedo permitirme, les ruego sepan disculparme.

Espero sean de su interés.

Las pruebas con municiones prefagmentadas no han convencido de su uso a nivel táctico de forma general, aunque no deben descartarse.

Poseen unas características impresionantes para lograr un efecto de parada, por lo menos en teoría y en condiciones más o menos ideales.

Las prácticas han mostrado las siguientes cuestiones, que creo son dignas de tener en cuenta.

1º Sobre gelatina sus efectos, aunque destacados, no son mayores que otras municiones más usuales.

2º La precisión baja ligeramente en municiones de arma corta a las distancias usuales de uso, pero su efecto es del orden de 45 a 67 cm en munición de fusil a solo 200 m, y en subfusil es de 52 a 74 cm a solo 50 m.

3º Con blancos frontales del tipo humano (un maniquí de tienda relleno de arcilla) y una protección muy ligera del tipo chaleco antifragmentos militar (no antibalas) con munición del 9 Para. a 15 m no penetró. En un impacto transversal al torso se dieron casos de desvíos de los fragmentos fuera del blanco de casi 45º. Con munición de fusil a 100 metros, con las mismas tiradas y en el mismo blanco, penetraba y causaba unos efectos muy acusados.

Tras comprobar esto anterior y algunos otros puntos más:

Los efectos hidrocinéticos y de parada observados en este tipo de municiones se pueden conseguir igual e incluso en mayor medida, con otros tipos de municiones más comunes sin la perdida de precisión observada, con mayor capacidad de penetración, y sobre todo con unos efectos más uniformes y controlables.

Ni un solo efecto (parada, penetración, rebote, etc.) es repetible, son muy irregulares en sus efectos, demasiado.

Respecto a la munición frangible:

Debe buscarse impactos frontales y directos para lograr trasvasar la suficiente energía al blanco, ya que de no ser así está se dispersará y el poder de parada será prácticamente nulo. Pero el efecto hidroshok es muy grande en un impacto frontal.


Su penetración sobre un blanco vestido con una ropa media (cazadora ligera, camisa, camiseta) es de más o menos tres cm. Contra una chapa metálica (puerta de coche, depósito de gas, aviones, etc.) es nula su penetración, así como en cristales de seguridad (tipo aviones y demás), aun sin ser blindados.


El efecto del rebote es igual a cero, probando con ángulos menores de 30º contra blancos de papel perpendiculares a distancias menores de un metro solo conseguíamos llenarlos de arenilla del proyectil y de la pared.

Conclusiones:

Nuestras armas son herramientas y como tales debemos buscar lo más acorde con el trabajo a realizar.

Pese a lo que acabo de escribir antes, estoy totalmente convencido que debemos tener nuestra pequeña reserva de municiones de todo tipo.



¿Por qué?

Porque cada caso es un mundo, si debemos entrar en una gasolinera nuestras municiones frangibles nos evitarán perforaciones y/o rebotes innecesarios, en un centro industrial con tuberías de acero quizás necesitemos el poder de parada de la munición prefragmentada, así como su escaso poder pe penetración, y como las distancias son tan cortas la precisión podemos obviarla relativamente.

Mi conclusión es que con cualquier munición que trabajemos debemos conocer sus pros y sus contras, y utilizarla en aquellos casos en los que sus virtudes superen a sus defectos.

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Escrito por Cecilio Andrade
Jul 15th, 2010
Es muy habitual escuchar que lo que no se soluciona con los tres o cuatro primeros disparos no se soluciona con quince.

Sin entrar en discusiones personalmente puedo recordar una gran cantidad de casos que señalan lo opuesto, casos de alcanzar al/los adversarios con los últimos cartuchos de su cargador.

También hay quien opina que con treinta cartuchos se llega al fin del mundo. Existen infinidad de casos de agentes pidiendo munición desesperadamente tras vaciar sus cargadores de gran capacidad.

Los más recientes análisis de enfrentamientos y entrenamientos han llevado a la conclusión de que el tirador acierta fácilmente los primeros disparos acabando por fallar los siguientes.

Se satura e incluso se deja dominar por su dedo, perdiendo el control de su arma y de su actuación.

Esto en condiciones de estrés se multiplica haciéndole fallar repetidamente hasta que el hecho de quedarse sin munición o sufrir una interrupción le hace recuperar las funciones racionales de su cerebro.

A partir de lo cual, tras tener que pararse a pensar conscientemente en recargar cuando recupera su capacidad de acertar a su objetivo.

Con armas de gran capacidad, más de catorce cartuchos, el tirador tarda más en controlarse y disparar de forma coherente, que si sus cargadores son de ocho o nueve cartuchos.

Es habitual ver en muchos entrenamientos a tiradores acertar en los primeros disparos de forma precisa, con disparos lesivos, perdiendo su eficacia en los siguientes y volviendo a recobrar la después de la recarga.

Mención aparte a tener en cuenta es que una mayor capacidad de carga de la pistola implica un mayor grosor en su empuñadura junto con un mayor peso y volumen total.

Esto podría solventarse aumentando el número de cargadores de reserva.

Cuídense.