viernes, 30 de julio de 2010

HÉROES

No corren buenos tiempos para ellos en nuestra sociedad. En otras más avanzadas, no sólo se valoran, sino que se realzan sus méritos y circunstancias, como estímulo y ejemplo. Lean los programas de educación de la enseñanza primaria en Francia o repasen las carteleras de cine americano.

Aquí, hablar de heroísmo y de héroes es considerado como un trasnochado empeño perdido en la historia. Nuestra querida Real Academia define el heroísmo como «esfuerzo eminente de la voluntad hecho con abnegación, que lleva al hombre –entiéndase al ser humano– a realizar actos extraordinarios al servicio de Dios, del prójimo o de la patria».

Por supuesto, aún con mala prensa y opinión, los héroes existen y existirán, quizás con más méritos que los descritos por la literatura clásica, la oda o la novela histórica.

Existen y existirán muchos héroes anónimos, que sólo conocemos esporádicamente cuando sale a la luz lo que han sido capaces de hacer determinadas personas al servicio de los demás. Los medios de comunicación, en este caso, llegan a descubrirnos ejemplares conductas de padres o madres de familia que sacan a flote a numerosos hijos, de personas que trabajan diez horas y luego cuidan a sus padres nonagenarios.

Hay muchos más. Servidores públicos que velan por nuestra seguridad o por nuestra salud con verdadera abnegación. ¿No son héroes los médicos de un hospital valenciano que empeñan cuarenta o más horas de quirófano en reconstituir o trasplantar una cara? ¿No lo son policías, guardias civiles o concejales del País Vasco?

Pero no está de moda hablar de abnegación en tiempos de egoísmos y egocentrismos. Es difícil entender que haya héroes de Dios vestidos con hábitos de monja en Haití, o de religiosos en los basureros de Guatemala o de Ruanda o fieles seguidoras de la Madre Teresa en un ambulatorio del norte de la India. Pero ¡vaya si los hay!

También es complicado hablar hoy de actos extraordinarios al servicio de la patria. Tanto se ha socavado este sentimiento –que es mucho más que un concepto o una noción política–, tantas dosis de egoísmo excluyente inyectadas, tanto se ha cedido –aún con consciencia de que lo que se daba era solidariamente injusto– por asegurar votos, que hablar de patria sólo suena la fachada de cuartel.

Debemos acudir a los clásicos para reencontrar a nuestros héroes.  Ir a la Tarifa de Guzmán el Bueno, al Lepanto de Miguel de Cervantes, a los cuadernos de bitácora de Juan Sebastián de Elcano o a cualquier diario de operaciones de aquellos Tercios que dominaban Europa. Hay que buscar en la oda o en la prosa certera el relato heroico o acudir a los libretos de las óperas de Verdi para encontrar aquel concepto unificador de «dulce patria» la común de todos, la que invitaba al esfuerzo y al sacrificio, la que fundía voces y música, pero sobre todo ilusiones. Nuestro Rey proclamaba en la Universidad de Utrecht hace unos años el concepto de un nuevo patriotismo en el que «todos caben, todos son necesarios».

Doy por sentado, resumo, que hay miles de personas que sirven con abnegación a su sociedad, muchos de ellos con categoría de héroes. Una parte de esta sociedad corresponde también a los uniformados. A ellos, particularmente a los militares, va dirigida esta reflexión.

Porque el mismo día en que unas impresionantes imágenes de televisión plasmaban el heroísmo de unos policías municipales de Santa Cruz de Tenerife que –sencillamente– se jugaban la vida por salvar a una mujer, un psicólogo militar graduado de Comandante, Jefe de Psicología de la Escuela Militar de Sanidad, se despachaba en un diario de difusión nacional refiriendo con discutible autoridad, el que «a los militares –parece que él se excluye– les explicamos que no tienen que ser héroes». ¡BIEN!

Aplicando una vara de medir generosa quiero comprender lo que quiso decir nuestro psicólogo. Lo que no queremos son «Rambos» de fachada y musculito más propensos a contar batallas que a ejecutarlas. Pero no lo dice así. ¡Ya es mucho ejercicio interpretarle!

Pero, debo decírselo en voz alta: sí necesitamos héroes  preocupados por el prójimo en el País Vasco, en Haití, en Herat o en el sacrificado interior de un BMR atravesando las montañas del norte de Afganistán. ¿Por quién murió si no el teniente Muñoz en 1993 sobre un puente de la masacrada y dividida ciudad de Mostar cuando cargado de plasma y medicamentos para un hospital musulmán fue abatido por una granada de mortero? 
Simplemente por aquel prójimo y por su Patria. Lea el decreto firmado por el presidente filipino Aguinaldo en junio de 1898 dedicado a los «héroes de Baler, acreedores de la admiración del mundo por el valor, constancia y heroísmo demostrados». ¡Cuántos casos más podría contarle!

Porque si saco la vara de medir estricta, diré que nuestro oficial de Sanidad está preocupadamente contaminado por las ideas que circulan hoy en día, que confunden peligrosamente el deseo de que la guerra no se produzca con la ilusión de que no se volverá a producir. Debo decirle con todo mi respeto que ha errado en el disparo y debe reflexionar sobre su concepto de la milicia o bien acudir a la consulta de un compañero de facultad.

¡POLÍTICAMENTE CORRECTO! ¡CLARO!

En las nuevas Ordenanzas el artículo que habla del homenaje a nuestros héroes es el 134. Antes, se incluía en el 16. Significativo. ¿No se están quitando nombres de calles y placas de muros de los Laureados de Cuba o de Marruecos? ¿No se discute ahora el valor de los defensores del Alcázar de Toledo? ¿Se les enseña algo a los estudiantes de ejemplos de valor y sacrificio llevados a cabo por personas tan pueblo llano como Agustina de Aragón? ¿Por qué en lugar de suprimir a los condecorados de un bando de nuestra Guerra Civil no se suman los ejemplos heroicos de muchos otros del bando republicano? ¿Es que alguien duda a estas alturas de que hubo también héroes en los dos bandos?

No interesa. Siempre es más fácil borrar que realzar. La primera sala que se desmanteló del Museo Militar de Montjuic era la dedicada especialmente a los Aviadores de la República, una veterana y más que respetada asociación formada en Barcelona. ¡No supe dar respuesta a su presidente! «No se rinda. Puede que lo lleven a Figueras». Por supuesto, hoy más que nunca, faltos de valores, necesitamos el estímulo y el ejemplo de abnegación y sacrificio de los héroes. Diga lo que diga nuestro psicólogo de la Academia Militar de Sanidad.

Luis Alejandre
* General y ex Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra