jueves, 19 de agosto de 2010

Sicarios: Muerte a la carta

"El único crimen perfecto no es aquel que queda sin resolver, sino el que se resuelve con un falso culpable".
Los Crímenes de Oxford.

Hasta hace unos años, al mencionar el término 'sicario' era inevitable asociarlo inmediatamente con México o Colombia. Esto cambió radicalmente, al punto de que la Policía Federal se anima a asegurar que Argentina se está convirtiendo en el territorio predilecto para realizar esta tarea. 

Los hay improvisados, informales, casuales y, por supuesto, sumamente profesionales. Algunos ofrecen sus servicios por Internet, otros, por el “boca a boca” y, los más expertos, trabajan con clientela fija o recomendaciones de algún cliente satisfecho.

Los precios van desde 100 a 70 mil pesos y las variantes son: la persona a asesinar, la cantidad de gente que haya que disponer para realizar el trabajo y, claro, la importancia de quien solicite el trabajo. "El silencio también cuesta" asegura un “trabajador de la muerte” consultado para este informe.

En la historia, prácticamente no existen casos de sicarios llevados a juicio. Esto se debe a que en apariencia son personas comunes. En su mayoría, no se trata de improvisaciones. Planean hasta el último detalle, por lo que es muy difícil detectar al autor directo del crimen. Detenerlos y llevarlos a juicio, por ahora, parece ser una misión imposible.

Por otro lado, en un 90% de los casos se descubre al autor intelectual, es decir, la persona que contrata los servicios. Asimismo, tampoco éste recibe condena ya que probar la relación entre él y el asesinato resulta muy complejo por la falta de pruebas en su contra.

Desde la Policía Científica de la Bonaerense indicaron que en el país se están desempeñando tres grandes grupos de asesinos a sueldo: los profesionales -los más costosos y dueños de los crímenes más escalofriantes-; los que quedan en medio de algún conflicto familiar o de conocidos, mencionados en la jerga policial como 'oportunistas' y por último los 'asesinos marginados': adolescentes que quedan prendidos en peleas de bandas rivales y son enviados a matar a cambio de algún tipo de soborno.

La misma fuente informó que en Capital Federal los sicarios dejan más de 100 casos por año. En tanto, en la provincia, las muertes llegan a dos mil casos en el mismo lapso de tiempo.

El barrabrava de River, Gonzalo Acro, el abogado Cristian Vázquez, el triple crimen y el supuesto suicidio de un empresario de los medios norteño son apenas algunas de las historias que podemos mencionar a modo de ejemplo para ilustrar la nueva mafia de la República Argentina, pero son más de 10 mil las historias no contadas que cada año ocurren en todo el territorio nacional.

Para continuar introduciéndonos en el mundo de los que viven de la muerte, este medio decidió enviar un mail solicitando los servicios de un tal Hunter Max que publica en Internet bajo el rubro de “servicio de limpieza”.

"Si es alguien importante debo contratar a alguien del exterior. Llegará en micro, vestido comúnmente, con bajo perfil y del mismo modo se irá, luego de disparar su calibre 22", informa Hunter.

"Según el caso, cobramos entre 30 y 50 mil pesos. Si es policía estará en problemas. Si es un cliente, envíe la foto de la víctima, dirección y adelanto de dinero" continúa, el frío caballero.

Finaliza diciendo que "por si le interesa saber, serán necesarias tres personas. La que realiza servicio de inteligencia, el chofer y el que ejecuta. Si quiere que sufra, el precio es otro".

Así de fácil resulta contratar un asesino a sueldo en Argentina. Realizando búsquedas comunes en cualquier shopping virtual, tales como 'exterminio' o 'servicios de limpieza', un cibernauta puede toparse con los 'limpiadores de pasado', como muchos de ellos se denominan.
   
Casos destacados

Según Clarin.com un hombre heredero único de una suma multimillonaria -4 millones de dólares-, la cual le aseguraba estabilidad y tranquilidad de por vida. Lo único que le impedía alcanzar su meta era el hecho de que su madre aún viviera, por lo que un día decidió "acabar con el problema". Un plomero, amigo suyo, le recomendó a un asesino a sueldo que podría resolverlo. En mayo de 2000, el empleado temporal apuñaló a la desprevenida mujer.

Dicho abogado inductor del asesinato tenía 43 años al momento del asesinato. Era padre de dos niños y estaba separado. Las pericias arrojaron que su coeficiente intelectual está por encima del normal, pero al momento de cometer el hecho cometió el primero de muchos errores: llegó llorando a la oficina de su madre y gritando "Que país de hijos de mil puta, matan a una pobre mujer por dos mangos". Lo resaltable es que el cuerpo había sido descubierto unos minutos antes por el portero y nadie había podido avisarle.

En la actualidad el abogado, el asesino y el plomero cumplen prisión perpetua. Un sicario sufrió cargo de conciencia y dejó una carta advirtiendo del peligro que corría la persona que debía asesinar. La nota apareció en la Catedral de Mar del Plata y decía "No soy un santo, pero jamás mataré a un trabajador". La justicia determinó que se trataba de una persona que había sido empleada para asesinar a César Trujillo, titular del sindicato de la UOCRA Mar del Plata.

Junto a la confesión se hallaba la foto de Trujillo y de otra víctima. Explicó el arrepentido, que le querían pagar 20 mil pesos de los 50 mil conversados.

Trujillo había denunciado mafias que funcionaban detrás de una construcción millonaria.

El 24 de julio a las 20 horas dos hombres al mando de una moto de alta cilindrada ingresaron a un shopping y mataron a dos colombianos sin mediar palabra. Uno de los fallecidos era Edison Duque Ceballos, conocido como "Monoteto". Se trataba de un soldado de Carlos "Macaco" Jiménez, un paramilitar narco que se desempeñaba en el cartel de "La Cordillera".

La particularidad de ese caso es que en medio de la investigación hubo serias amenazas a los fiscales e involucrados al triple crimen de los empresarios de General Rodríguez.

Perfil de un asesino a sueldo

El FBI divide el típico perfil en dos variantes: asesino organizado o desorganizado.


Los asesinos organizados por lo general tienen un coeficiente intelectual por encima de la media (105 en adelante). Planificar un crimen puede llevarles años, ya que estudian hasta el último detalle. Suelen ser personas altamente sociales. En la mayoría de los casos, sus crímenes son prolijos, silenciosos y hasta pueden hacerlos pasar por muerte natural.

De no ser así, pueden asesinar en un sitio y trasladar el cuerpo a varios kilómetros. Cuando la justicia indaga sobre ellos, sus conocidos suelen describirlo como "Una persona muy amena, incapaz de matar a una mosca".

Los desorganizados, en cambio, suelen sufrir adicciones y problemas tales como la automutilación. Su coeficiente intelectual está por debajo de la media (entre 80 y 95) y suelen vivir en villas, por ejemplo, la 1-11-14. Por lo general son poco sociables, excéntricos o extraños y pueden llegar a olvidar sus crímenes, dado que al momento de realizarlos están drogados o alcoholizados.

Para finalizar...

Algunos sicarios también transmiten mensajes: primer aviso, 30 días de hospital. Segunda advertencia, las dos piernas quebradas. Tercera visita asegura la muerte, según publican en un foro de Internet.

Muchos crímenes no llegan a investigarse, ya que se confunden con intentos se asalto. Es así y gracias a las mil y una estrategias de estas organizaciones que pueden garantizar "Un trabajo 100% impune".

No hay cifras oficiales sobre lo que recauda este delito anualmente. Lo que sí se sabe es que está plenamente ligado al narcotráfico y a la política. Muchos sicarios aseguran ser “limpiadores del pasado” y “llaves de secretos”, haciendo una clara mención de poder terminar con cualquier “molestia”.

Es una práctica cada vez más instalada en el país debido a la gran cantidad de demanda existente. Esta es una clara prueba de que estar en el lugar equivocado en el momento indicado puede llevarnos a un final, donde la cara de un asesino sea lo último que veamos.

Los sicarios cumplen una función. El asesinar a sueldo se volvió una profesión. Ellos, sólo son el emergente de una sociedad en donde la vida, como no podía ser de otro modo, también tiene precio.
Por Romina Soledad Giuffré