jueves, 21 de octubre de 2010

No es lo mismo: desgraciados afortunados y afortunados desgraciados


Con saliva y tecla, mil veces me he pronunciado sobre este asunto, pero bueno, una vez más no viene mal. Si otros siguen en sus trece…yo sigo en las mías también. Como decía Joe Rígoli: yo sigo.

Esos que tanto criticáis y zancadilleáis a vuestros compañeros de trabajo, más bien coincidentes laborales, seguís con vuestras cantinelas baratas de café de inicio de servicio. En algunos casos, -demasiados- el café es de inicio de servicio, de “durante” y de fin del mismo. El trabajo, a veces, es tomar café y punto. Ya está bien señores, dejad de maquinar para torpedear a los que hacen aquello que deben hacer, y sobre todo aquello que ustedes despreocupan e ignoran. Mírenlo desde otro punto de vista: ustedes son unos desgraciados afortunados. Sí, eso he dicho, pero no se me ofendan. Verán como coinciden conmigo cuando les razone mi postura.

Muchos lleváis años despotricando y elucubrando contra los que acuden a las llamadas de la Sala Operativa con la celeridad que las circunstancias demandan; seáis quienes seáis, seguís despellejando a quien, tras tomar un café a primera hora de trabajo, emprende el camino de la “caza” del delito o la ayuda al prójimo –prójimo como sinónimo de ciudadano. Perseguir al delito es ayudar a todos-; esos mismos, una vez más, menospreciáis a quienes no beben alcohol durante el servicio, y además, los mismos desgraciados de siempre, tratáis de menoscabar, con invenciones maliciosas, la buena fama e imagen de los que hacen lo que ustedes no hacéis. Es sencillo, un desgraciado, en el terreno que nos ocupa, es aquel que no tiene nada en lo que creer. Esos sois vosotros: no creéis en vuestra presunta labor, y digo presunta porque no la cumplís, ¡y que se salve el que pueda¡

Quien va al trabajo, -y digo al trabajo y no a trabajar, que tampoco es lo mismo- con el único propósito de vagabundear y delinquir por omisión, es un desgraciado. No hay nada más triste que ser desgraciado en la profesión elegida. Bueno, esto de elegido debe matizarse, pues a muchos solo se os ha regalado un puesto de trabajo de por vida. En el trabajo, cuanto más desánimo se tiene, más desgraciado se es. Está clínicamente demostrado que las bajas laborales por depresión, aún cuando se fija la enfermedad –muy de moda- acaban pasando factura. Ese desánimo y falta de interés, a la larga, llevan a la depresión real sin remisión, en fin, que finalmente seréis desgraciados con “papeles”.

Pero la verdad, los que os encontráis dentro de este triste perfil, tenéis más suerte de la que os merecéis, por ello os llamo: desgraciados afortunados. No me negará nadie que odiar lo que se hace, o mejor dicho, aquello que se debe hacer, desatender los obligaciones profesionales, acudir cabizbajo al trabajo y “jugar” al despelleje de aquellos compañeros que poseen un perfil marcadamente antagónico, es muy triste. ¡Pero leches! Si a final de mes te pagan lo mismo, eres un afortunado. Por ello seréis siempre unos desgraciados afortunados: no hacéis lo que tenéis que hacer, porque lo odiáis, y encima os pagan. Para colmo… muchas veces os ascienden ¡Vaya suerte!

Por otra parte, y cara a cara ante vuestro perfil, se encuentran los afortunados desgraciados. Estos, entre los que yo me incluyo, disfrutan del trabajo hasta cuando se mojan bajo la lluvia, pues “mojados” e implicados, profesionalmente, siempre están. O estamos. Sí, es verdad, bregar con sucios y apestosos delincuentes es desagradable; recibir insultos y pedradas también es duro; arriesgar el pellejo ante delincuentes armados es muy “shungo” también; ¿pero sabéis algo?, a algunos nos gusta esto. Muchos, aunque no lo podáis comprender, creemos en aquello que representamos. Y por cierto, los insultos y pedradas que algunos recibos en la calle, no son tan repugnantes como el olor que dejáis, muchos de vosotros, cada vez que abrís la boca para vomitar palabras envenenadas.

Hacemos lo que nos gusta y creemos en lo que hacemos, precisamente lo que no hacéis vosotros. Somos un “chollo” para vosotros, pues lo que no hacéis, aunque os paguen por “hacerlo”, lo haremos unos cuantos majaretas convencidos. Nos criticáis sin daros cuenta de que, para vosotros, somos un comodín en este sucio juego de mentiras, políticos y sindicatos.

¡Qué cosas! Somos afortunados por hacer aquello que queremos y que amamos, pero somos desgraciados por ser víctimas del sistema que nos ordena y coordina, aunque la verdad, hay más descontrol y descoordinación que otra cosa. Somos desgraciados por caer en vuestras lenguas y mentes huecas, por no ser reconocidos por los jefes, y por estar enfrentados a malolientes compañeros, a veces también jefes, que se llevan el fruto de nuestro trabajo. Aún así, y aunque os cueste trabajo creerlo –sois tan desgraciados e ignorantes que no llegáis a verlo- somos afortunados. Nosotros no necesitamos eso que vosotros tanto ansiáis: galones, más pasta y menos trabajo y responsabilidad. Nuestra recompensa es la de llegar a casa con la conciencia limpia y cara alta.

¡Ay de vosotros que tanto anheláis esos “premios”! Vuestra actitud delata lo podrido que estáis por dentro, y la paupérrima vida que soportáis.

He dicho.
Por: Don Gonzalo