domingo, 2 de enero de 2011

El tiroteo de North Hollywood y el Solitario: armas de guerra en las calles

Articulo publicado en el TIRO POLICIAL-REACTIVO-DEFENSIVO
Publicado por Ernesto Pérez Vera en sábado, enero 01, 2011

Es evidente para los miembros de FYCS, y también para muchos que no lo somos pero seguimos de cerca las noticias al respecto, que en los últimos años los delincuentes disponen de armas cada vez más potentes y sofisticadas, y que en muchas ocasiones estas armas son mejores que las de los policías que deben hacerles frente. Esto ha sido así casi siempre.

También es sencillo imaginar, por cualquier aficionado al tema, que la diferencia entre estas armas (más propias de militares, o grupos armados, que de delincuentes comunes), y las tradicionales pistolas y revólveres usados en seguridad pública y privada, inclina definitivamente la balanza, llegado el caso, del lado de los “malos”

Hace unos días (18 de diciembre) se incautaron en una barriada marginal de la capital hispalense 3 subfusiles UZI y mini-UZI, que se ofrecían en el mercado negro para ser utilizados en acciones delictivas. El 22 de julio de 2008, con motivo de una operación contra el llamado clan de los Jodorovich, se intervinieron, en Barcelona, fusiles de asalto AK-47, subfusiles Ingram y Scorpion con silenciador, MP-40, escopetas, etc. en Granada, a clanes dedicados al tráfico de drogas se les han incautado fusiles de asalto CETME L, e incluso granadas de mano.

¿Qué ocurre cuando estas armas son utilizadas en una acción real? Las consecuencias pueden ser trágicas para los que deben sufrir sus efectos, como de hecho sucedió en los dos casos que hoy estudiaremos. El primero de ellos de ambientación norteamericana (y por tanto más “lejano”). El segundo, lamentablemente, mucho más próximo, como veremos.

Hay ocasiones en las que una intervención policial puede ir mal, otras peor que mal…y hay otros días en los que un agente con años de entrenamiento y experiencia a sus espaldas, dotado con el mejor equipo, preparado psicológica y técnicamente para hacer frente a cualquier amenaza que se cierna sobre aquellos a los que ha de “proteger y servir”, se encuentra cara a cara con dos DEMONIOS con forma humana.


Ve cómo todo lo que le han enseñado es inútil, y cómo la sangre de sus compañeros, y la suya propia, se derrama por las calles mientras reza para que se aplaque la ira de sus adversarios. Sin duda ese policía había escuchado historias acerca de delincuentes a los que los proyectiles parecían no hacerles ningún daño CASO STEVE CHANEY, por Pedro Pablo Domínguez, o cuya agresividad o el armamento que blandían desbordaba la capacidad de los agentes que habían acudido a detenerlos Táctica versus Equipo: el tiroteo de Miami de 1986. Pero nada de esto era comparable a lo que ocurrió la mañana del 28 de febrero de 1997, cuando 2 ladrones de bancos, intoxicados de barbitúricos, con armas automáticas cargadas con munición perforante, 36 kilos de kevlar en sus ropas, y la decisión de morir matando, plantaron cara, durante una hora, a más de 200 miembros del LAPD. Fue el conocido como tiroteo de North Hollywood.

-Antecedentes: Los Angeles Police Department. 
Ser patrullero en Los Ángeles a finales de los años 90 suponía pertenecer a la tercera fuerza policial del País, un cuerpo armado con más de 10.000 agentes (mayor que nuestra Ertzaintza), y que incluso poseía 3 aeronaves y 26 helicópteros (más que todo el servicio aéreo del Cuerpo Nacional de Policía). Su área de influencia ascendía a 1.290 kilómetros cuadrados, con una población de 3.800.000 personas (similar a la actual de Madrid). Hay que destacar que el LAPD es lo que en España catalogaríamos como una Policía Local, y que su sueldo anual ronda los 60.000 dólares (una cantidad nada despreciable comparada con los sueldos españoles).

Se calcula que 1-2 agentes de este cuerpo fallecen anualmente en acto de servicio, la mitad de ellos en incidentes con armas de fuego. Ello no obsta para que estos policías dispongan de un arsenal impresionante, sobre todo con posterioridad a la acción que nos ocupa.

En su primera época, el armamento de servicio era similar a otras unidades de policía norteamericanas: revólveres Smith and Wesson .38 Combat Masterpiece, y escopetas de corredera del calibre 12, de la marca Ithaca. La diferencia, respecto a sus coetáneos, era que estas armas fueron diseñadas y fabricadas ex profeso para el LAPD, siguiendo sus requerimientos. Por ejemplo, el revólver disponía de unas miras especiales para evitar que se engancharan en el equipo, además de ser totalmente ajustables. Las escopetas eran una versión “militarizada” del modelo 37 de caza, que de origen estaba diseñado para disparar cartuchos de bala. Por ello traía de serie miras ajustables de rifle, en lugar del clásico punto que poseen el resto de escopetas. Asimismo, este arma pesaba medio kilo menos que sus competidoras Remington y Winchester, su cañón era 1 pulgada y media más corto, poseía acabado mate (parkerizado), y la leva del seguro de cierre era ambidextro. Sobre el papel, y en el campo de tiro, la Ithaca “LAPD Special” era un arma formidable para uso policial.

En 1988, como respuesta al número cada vez mayor de delincuentes peligrosos, y a que éstos comenzaban a emplear armas de mayor potencia, se autorizó la compra de pistolas Beretta 92FS y Smith and Wesson 5906, ambas en calibre 9mm Parabellum.

Tras el intento de robo en el Banco de América en el distrito de North Hollywood, se introdujeron las pistolas S&W 459, 5904, 5903, 659, 5906, 654, 4506, 4566, 4567, 5903 TSW, 5906 TSW, 4569 TSW y 4566 TSW, las Glock 34, 17, 19, 35, 22 y 23, y la Kimber Custom TLE II en el equipo SWAT. Los calibres preferidos actualmente son los .40 S&W y .45 ACP.

Esto podría ser una pesadilla para los armeros del cuerpo, pero aún tenemos que sumar las armas largas: H&K MP-5, cerca de 600 rifles M-16 convertidos a fuego semiautomático (cedidos por el ejército USA), un número indeterminado de M4 calibre 5,56 m/m, y su nueva escopeta: la Benelli M4 Super 90.

Lo cierto es que, 13 años después, ninguna de estas armas hubiera supuesto una gran diferencia respecto a lo ocurrido en el tiroteo contra los 2 atracadores.

Es necesario comentar que el Departamento de Policía de Los Ángeles vivió un episodio oscuro tan solo 5 años antes del acontecimiento objeto de este artículo. El 29 de abril de 1992, 4 agentes fueron condenados por abuso de autoridad tras una persecución “caliente”. El motorista de color Rodney King fue golpeado numerosas veces tras su negativa a entregarse, incluyendo el haberse arrancado los pivotes de las pistolas eléctricas con las que habían intentado reducirlo. Desde el punto de vista de la intervención, los patrulleros evitaron usar las armas de fuego ante un sujeto peligroso, pero el Juez no lo consideró del mismo modo, y los condenó por uso excesivo de la fuerza. A esta condena siguieron 6 días de desórdenes callejeros con un saldo final de 53 personas muertas.

En 1997, serían 19 las personas heridas (no muertas por pura suerte), precisamente por no disponer de la fuerza “necesaria”.

-Antecedetes II: delincuentes de alto riesgo. 
Larry Eugene Phillips Junior, que contaba con 27 años el día de autos, y Emil Decebal Matasareanu, 4 años mayor, se conocieron en el gimnasio Gold´s de Venice (Los Ángeles), en 1989. Los dos eran aficionados al culturismo, por lo que forjaron una pronta amistad. En aquella época, Phillips ya poseía armas de forma ilícita, para las que importaba gran cantidad de munición. Sobre todo, adquiría cartuchos del calibre 7,62x39 m/m con proyectil de núcleo de acero, lo que conocemos como proyectiles “perforantes”, ya que atraviesan la mayoría de los blindajes comunes. En España esta munición está prohibida por el Reglamento de Armas.

Tras asaltar un furgón blindado en Colorado, en 1993, los dos criminales fueron detenidos al norte de Los Ángeles por una patrulla de carretera por exceder el límite de velocidad. Phillips fue cacheado encontrándosele una pistola oculta. El posterior registro del vehículo dejó a los agentes estupefactos: recuperaron 2 rifles semiautomáticos tipo AK, 2 pistolas, más de 1.600 cartuchos calibre 7,62x39 m/m para los Kalashnikovs, 1.200 cartuchos para pistola, bombas de humo, escáners de radio, chalecos anti-bala y placas de matrícula falsas.

Por ello, fueron condenados por actos preparatorios para cometer un robo. La condena fue de 100 días de prisión y 3 años en libertad vigilada. Sorprendentemente, la mayoría de los materiales incautados se les devolvieron.

Los dos delincuentes volvieron pronto a las andadas y robaron un furgón blindado el 14 de junio de 1995. En este asalto mataron a uno de los Vigilantes de la escolta. El año siguiente atracaron dos sucursales del Banco de América en San Fernando, llevándose con ellos 1 millón y medio de dólares. La facilidad con que lo hicieron, les llevó a planear otro ataque contra la sucursal de este mismo banco en la intersección de Laurel Canyon Boulevard y la calle Archwood en North Hollywood.
-Un golpe de 1 millón de dólares: 
El atraco en North Hollywood se planeó durante meses, en el transcurso de los cuales Phillips y Matasareanu vigilaron el banco para determinar los horarios de recogida de los furgones blindados. El 28 de febrero deberían encontrar más de 750.000 dólares en la caja fuerte.

También confeccionaron 2 chaquetones uniendo trozos de Kevlar que Phillips compraba en el mercado negro, así como placas de protección adicional sobre las zonas que protegerían órganos vitales. Esta idea de utilizar blindaje personal fue copiada por “El Solitario” (atracador español) años después, como él mismo declaró. Cada prenda pesaba unos 18 kilos.

No menos importante era el arsenal reunido: 2 rifles AIMS (tipo AK rumano) y un Nrinco Type 56-1 modificados para disparar en fuego automático, un H&K 91 semiautomático (muy parecido a nuestro CETME C, en calibre 7,62x51 m/m), y un Bushmaster XM15 E2S (un tipo M16 de cañón corto y culata plegable, en calibre 5,56x45 m/m). Para alimentarlos, llevaban en el vehículo 3.300 cartuchos en cargadores rusos de tambor y Beta-C de 100 disparos. Phillips llevaba además una Beretta 92FS en una funda de sobaquera.

Parece difícil mejorar la letalidad de esta mezcla: delincuentes motivados, armas largas automáticas, una cantidad enorme de munición y un blindaje que los hacía invulnerables a cualquier arma en dotación en las fuerzas del orden. Pero aún había más: antes de entrar en acción, consumieron un barbitúrico llamado fenobarbital. Este fármaco es uno de los anticonvulsivos más utilizados, incluso en veterinaria. Tiene propiedades sedantes e hipnóticas, por lo que nuestros dos amigos se convirtieron casi en zombies en el momento en que entraron en el banco.

-211: robo armado en curso. 
Los dos atracadores llegaron a las inmediaciones de la sucursal a las 09:30 horas. Habían calculado que los policías tardarían unos 8 minutos en responder a la alarma, e incluso programaron sus relojes para controlar ese tiempo.

Con posterioridad, se ha especulado que el robo era en realidad una excusa, y que el objetivo de Phillips y Matasareanu era provocar un tiroteo con las peores consecuencias posibles. Es la única explicación a la ingente cantidad de armas y municiones que llevaron con ellos. En todo caso, una patrulla que pasaba por la zona, por casualidad los detectó justo antes de que entraran en el edificio y pidió apoyo. En escasos minutos, más de 80 coches patrulla acudirían al lugar.
Dentro del banco, los atracadores no dudaron en disparar una ráfaga de 50 disparos para amedrentar a los aproximadamente 30 empleados y clientes presentes, y ordenaron al encargado que abriera la caja. La cantidad de dinero en ventanilla en aquel momento era mínima, ya que el furgón aún no había efectuado el reparto. Phillips montó en cólera y disparó otro cargador contra la caja, destruyendo el dinero. En total, solo consiguieron reunir 303.305 dólares, de los 750.000 que esperaban encontrar.

Al cumplirse los 8 minutos exactamente, Phillips y Matasareanu abandonaron la sucursal, el primero por la puerta Norte, y su compañero por la Sur. Ante ellos encontraron a decenas de agentes del LAPD, que habían rodeado completamente la manzana. Entonces se desató el infierno.

Cientos de proyectiles perforantes de rifle atravesaron los coches patrulla como si fueran de papel, hiriendo a una docena de agentes y civiles. En contra, las municiones de calibre .38 y 9 m/m Parebellum literalmente rebotaban de los cuerpos de los criminales. Ni siquiera los cartuchos de postas del 12/70 hacían efecto. La distancia entre tiradores y blancos era otro hándicap, que hacía llegar a los proyectiles con aún menos energía.

Todo lo contrario que los proyectiles de 7,62x39 m/m con núcleo de acero, que silbaban por el aparcamiento atravesando coches y paredes, e hiriendo gravemente a todos los que alcanzaban a su paso. En 7 minutos, los atracadores dispararon unos 800 cartuchos.

Para ese momento, varios helicópteros de agencias de noticias habían acudido al lugar, tomando dramáticas imágenes de cómo los delincuentes eran alcanzados por múltiples impactos, pero volvían a levantarse y seguían disparando interminables ráfagas hacia los patrulleros.

Los atracadores se abrieron camino hasta su vehículo, aparcado en las inmediaciones del banco. Matasareanu ocupó el lugar del conductor con la intención de huir, pero Phillips abrió el maletero del sedán y empuñó un fusil de asalto semiautomático HK 91, con el que abrió fuego contra los policías e incluso contra uno de los helicópteros de la prensa.

Al ver que los proyectiles de sus armas no conseguían penetrar los chaquetones blindados de los delincuentes, el comandante Tim McBride envió a varios agentes a la cercana armería B&B Sales, donde su propietario les entregó varios AR-15 (versión semiautomática del M16), algunas escopetas y un par de rifles de caza calibre .308, con visor. Asimismo, obtuvieron cartuchos del calibre 12 de bala (slug) para las escopetas, ya que las municiones de postas no hacían ningún efecto. La bala típica del calibre 12/70 tampoco podía atravesar los chaquetones blindados, pero los policías pensaron que al menos el trauma podría romperles algún hueso.

Se sabe que al menos un proyectil de calibre .308 alcanzó de lleno a uno de los delincuentes, pero no llegó a penetrar la placa balística que habían pegado al chaquetón. De hecho, al menos 10 proyectiles de diversos calibres lograron atravesar la protección, pero los efectos narcóticos de las drogas paliaron sus efectos.

Phillips disparó entre 50 y 100 cartuchos con el HK, tras lo cual lo desechó y recogió uno de los AK-47, insertándole un cargador de 100 disparos. En este momento, se separó de su compañero y avanzó hacia un camión cercano para utilizarlo como parapeto. Al intentar montar el rifle, parece ser que el primer cartucho provocó un fallo de alimentación. Mientras trataba de solucionarlo, un proyectil de la policía le alcanzó en la muñeca derecha. Esto le hizo soltar definitivamente el fusil de asalto y desenfundar la Beretta 92F que escondía bajo el abrigo. Otro impacto en la mano derecha hizo caer la pistola sobre el pavimento, pero la recogió y apuntó el cañón contra su mentón. Al verse rodeado, Phillips sin duda decidió cumplir su intención de morir antes que ser detenido.

El disparo atravesó su cráneo, saliendo por la parte superior y causándole una muerte casi inmediata. Al mismo tiempo que apretaba el gatillo, un proyectil de calibre 5,56 m/m, disparado por uno de los AR-15, le alcanzó a la altura del cuello seccionando la médula espinal, produciendo una gran hemorragia. Los agentes le rodearon, le despojaron del chaquetón blindado y lo engrilletaron. Trataron de detener la hemorragia, pero la herida del cráneo ya había sido fatal. Todo había terminado para Larry Phillips.

Para ese momento, el equipo SWAT estaba llegando a la escena. Habían comenzado la sesión diaria de gimnasia momentos antes de la alerta, por lo que muchos de ellos acudieron al lugar vistiendo la ropa de deporte debajo del equipo táctico. Se concentraron en detener a Matasareanu, que intentaba huir en su coche. Dispararon a las ruedas hasta que el automóvil quedó inoperable. Entonces el conductor descendió y paró un pick-up que pasaba a su lado. Intentó arrancarlo, pero el dueño se había llevado las llaves, y además uno de los coches del equipo SWAT se acercaba por su izquierda. Matasareanu abandonó el coche y, empuñando un fusil tipo M16 con cargador de 100 tiros, recibió a los policías con una nueva lluvia de proyectiles.

Ante la imposibilidad de penetrar las ropas aún a tan corta distancia, uno de los SWAT ideó una técnica que hoy en día es muy utilizada en los cursos de “contratistas”: hizo cuerpo a tierra y disparó por debajo del coche a las extremidades inferiores del tirador. Tras recibir 29 impactos, Matasareanu soltó su arma y levantó las manos en señal de rendición.

La pérdida de sangre era brutal, aún así los policías (no podemos decir a ciencia cierta si por negligencia, o deliberadamente), retrasaron la solicitud de la ambulancia, y según se aprecia en las grabaciones de los helicópteros de TV, no aplicaron los primeros auxilios a Matasareanu. La explicación dada fue que los servicios médicos simplemente siguieron el protocolo establecido, que les prohíbe entrar en una zona “caliente” hasta que no es segura. Los SWAT decidieron que el delincuente aún era una amenaza, retrasando la asistencia en casi una hora. No obstante, ningún policía fue condenado por omisión del deber de socorro en el juicio posterior (en marzo de 2000)

En total, los atracadores dispararon 1.101 cartuchos, contra unos 650 disparados efectuados contra ellos.

Al año siguiente, 19 agentes recibieron la Medalla al Valor del Departamento. Esta es la condecoración de mayor categoría que otorga el LAPD, “premiando la valentía por actos individuales de extraordinario arrojo, o heroísmo, realizados con ocasión del servicio y bajo amenaza para la propia vida”. Varios de estos policías sufren serios trastornos psicológicos desde el tiroteo.

En el año 2004, al museo del LAPD inauguró una sala dedicada a este incidente. Se exponen maniquíes vestidos con las ropas que Phillips y Matasareanu utilizaron aquel día. También está expuesto el vehículo original en que los delincuentes pretendían huir, así como varios de los coches patrulla, estos en el Museo de Historia Social del LAPD en Highland Park.

Se ha especulado que los criminales se inspiraron en la película de Michael Mann “Heat”, estrenada en el año 1995. En ella, unos ladrones de bancos se abren paso, en su huida, utilizando armas largas automáticas, y una combinación de determinación y movimiento que sobrepasa a los patrulleros que tratan de detenerlos. De hecho, se encontró una copia de esta película en el video de uno de los asaltantes, tras el oportuno registro. El rifle HK91 está presente asimismo en el film, y posiblemente Phillips se decidió a comprarlo por ese motivo.

En el siguiente video se recopila una serie de imágenes reales del atraco, obtenidas desde las cámaras de vigilancia del banco y desde los helicópteros de las agencias de noticias:

The North Hollywood Shootout

 Este otro pertenece al largometraje “44 minutos”, que recrea al detalle el tiroteo:

North Hollywood Shootout - 44 minutes

-Consecuencias: 
La consecuencia más aparente, del hecho que hemos estudiado, fue que el ejército USA donó más de 600 rifles M16 al LAPD, para su uso en los vehículos de patrulla ordinarios (aun manteniendo las escopetas del calibre 12). Esto aumentó, de forma espectacular, la potencia de fuego de los patrulleros. De este modo, un agente podría hacer frente a un criminal tipo Phillips/Matasareanu sin necesidad de esperar a la llegada del equipo SWAT. También se han instalado placas de kevlar en las puertas de los vehículos patrulla, de modo que puedan ofrecer una protección real llegado el caso.

Con posterioridad al 11-S, han sido muchas las unidades policiales de todo el mundo que han seguido su ejemplo, destacando el caso de la policía británica e incluso de la española (U.I.P), que han introducido el fusil de asalto HK G36 como arma de dotación. Tipos de armas que hace 15 años se consideraban propias de militares, hoy en día son reglamentarias en estamentos civiles. Ello no es sorprendente ya que es fundamental tener, al menos, la misma potencia de fuego que los delincuentes a los que vamos a detener.

-Versión española: Jaime Giménez Arbe “El Solitario”: 
Llegados a este punto, posiblemente el lector piense: “bien, un relato interesante, o quizás “entretenido”, pero… la ciudad o el pueblo donde trabajo están tan alejados de Chicago, Los Ángeles o Nueva York que…es prácticamente imposible que me encuentre con algo parecido. Las conclusiones de este artículo no me sirven en mi trabajo diario”.

La realidad es que si que ha existido un Larry Eugene Phillips a “la española”. El delincuente conocido como “El Solitario”, quien, hasta su detención el 23 de julio de 2007, perpetró unos 30 atracos a entidades bancarias, y al menos en 5 ocasiones, empleó armas de fuego para abrirse paso en su huida.

Llegó incluso a existir, en 3 ocasiones, intercambio de disparos con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Los atracos del español tuvieron una dinámica, circunstancias y desenlace muy similares al incidente de North Hollywood. Giménez Arbe era un sujeto muy decidido y bien entrenado, y empleaba armas adquiridas en el mercado negro y que él mismo modificaba para que disparasen en automático (al igual que hiciera Phillips). “El Solitario” vestía un chaleco antibalas bajo sus ropas. Estos elementos tuvieron exactamente el mismo efecto que en el caso norteamericano: mayor potencia de fuego que los policías que intentaban detenerlo e invulnerabilidad a sus disparos. De hecho, se sospecha que el propio Solitario se inspiró en los dos criminales norteamericanos para desarrollar su “estilo”.

La primera ocasión en que El Solitario cruzó disparos con los agentes de la ley fue en el pueblo de Zafra (Badajoz), el 10 de mayo de 1996. Tras abandonar la sucursal de la Caja de Ahorros de Badajoz, los 2 Guardias Civiles de servicio salieron del Puesto a tiempo de ver una maniobra brusca del Renault 4 que conducía el Solitario. Giménez Arbe detuvo su vehículo en la calle Nueva y se parapetó para enfrentarse a los agentes. En el momento que los tuvo a tiro, disparó al menos 6 veces con una pistola (una Ithaca calibre .45, del tipo Colt 1911), atravesando la chapa del coche de la Benemérita. Los perseguidores devolvieron el fuego con un arma larga (seguramente un subfusil Z-70B), pero la mayor precisión de los disparos del “malo” les obligaron a buscar abrigo y el Solitario huyó dirección a Villagarcía de las Torres.

El siguiente encuentro (bastante más trágico, ya que murió un Policía Local y 3 más resultaron heridos), tuvo lugar 4 años después, el 10 de mayo de 2000. En el pueblo Castellonense de Vall de Uxó, Giménez Arbe asaltó la oficina local de Caja Rural, muy próxima a la Comisaría de Policía Local, y para más inri en un horario en el que los agentes de dicha localidad estaban cambiando turno. Por eso, en lugar de los 2 policías que normalmente se encontraban de servicio, acudieron 4 (salientes y entrantes de servicio), en el momento en que sonaron las alarmas del banco.

El Solitario huyó a la vez que disparaba con un revólver hacia sus perseguidores. En la confusión del tiroteo, uno de los agentes de PL alcanzó a su compañero con un disparo en la cabeza, causándole la muerte. Al menos uno de los proyectiles alcanzó al Solitario, pero no llegó a atravesar el chaleco antibalas. Tras alcanzar su todoterreno, el atracador empuñó un subfusil M3A1 (la famosa engrasadora de la Segunda Guerra Mundial), modificado, por él mismo, para disparar en ráfaga, y que definitivamente le dio la ventaja sobre los 3 Policías Locales que seguían en pié, y que resultaron heridos.

Los propios agentes declararon verse sobrepasados por la potencia de fuego y la determinación del delincuente al que intentaban detener. Su entrenamiento y equipo, no era en ningún caso el adecuado.

Finalmente, el 9 de junio de 2004, Giménez Arbe circulaba por la carretera nacional N-122 a su paso por el término municipal de Castejón (Navarra), cuando fue interceptado por una patrulla de la Guardia Civil. El motivo parece que fue una infracción de tráfico. El asesino permitió que el coche policial le rebasara, y cuando pasó a su lado disparó con el subfusil M3 una ráfaga de 23 disparos que causaron la muerte a los dos Guardias Civiles.

El Phillips español fue detenido el 23 de julio de 2007 en Figueira da Foz (Portugal), cuando se dirigía a atracar una sucursal de la Caja Agrícola en esa ciudad. Portaba 2 armas cortas y el subfusil M3, además de vestir el chaleco antibalas bajo las ropas.

En el registro de su vivienda se incautaron numerosas armas de gran potencia de fuego: un fusil AR-15, un subfusil UZI, otro subfusil Z-70, además de una docena de armas cortas y gran cantidad de munición.


-Reflexiones finales: 
Como hemos visto, es relativamente fácil obtener ciertos tipos de armas y equipo como chalecos antibalas en el mercado negro. Solo hay que echar un vistazo por internet para constatarlo. Y no solo están en manos de terroristas, sino de delincuentes comunes que hace 30 años portaban poco más que navajas de Albacete. Esta realidad no puede ser ignorada, como tampoco puede obviarse el que un patrullero medio no dispone del equipo y el entrenamiento necesarios para compensar esta situación.

Por tanto, se deben dar pasos en el sentido de adquirir estas armas y entrenamiento de una forma estandarizada, no solo en determinados destinos o unidades policiales. Algunos calibres aparecidos en los últimos años, como el 5,7x28 m/m o el 4,6x30 m/m, ofrecen el comportamiento adecuado en estas situaciones, ya que atraviesan la mayoría de los chalecos antibalas. Pero, de momento, aunque las armas son relativamente baratas, la munición es muy cara y difícil de obtener. Se da el caso de los Policías Locales de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que posee la pistola FN F-Seven, (calibre 5,7x28 m/m) pero no disponen de suficiente munición para el entrenamiento. Esperemos que esta situación cambie en un futuro próximo.

Otra opción es la de utilizar diversas tácticas, como disparar a la cabeza o a las extremidades (como se hizo con Matasareanu), aunque también en este caso necesitamos un entrenamiento específico que hoy en día no se imparte.

Como idea final, repetiré algo que Ernesto ha recomendado hasta la saciedad: no debemos adoptar la actitud del avestruz, ni el “a mí nunca me va a pasar”, ya que las estadísticas no siempre se cumplen…