sábado, 3 de septiembre de 2011

Que mi nombre no se borre en la historia


1º de abril de 1939, con la entrada en Madrid de las tropas de Franco, se da por terminada la guerra civil española. Temiendo los perdedores una sangrienta represión, muchos republicanos huyeron del país pero otros no pudieron o no quisieron, aun cuando el General Franco promete que solamente serán castigados los que tengan las manos manchadas de sangre.


"Que mi nombre no se borre en la historia"

Así terminaba el ruego de la carta que dirigía a la madre de Julia Conesa Conesa poco antes de ser fusilada en la madrugada del 5 de agosto de 1939 contra la tapia del cementerio de la Almudena - Madrid - junto a 12 compañeras más, siete de ellas menores de edad, (en esa época se considera edad adulta a partir de 23 años ) que pasaron a ser recordadas como Las Trece Rosas.

Las Trece Rosas, fueron condenadas a muerte tras ser delatadas, mediante torturas, por un miembro de su propio grupo de Las Juventudes Socialistas Unificadas -JSU- (José Peña Brea, de 21 años) no por criminales ni ladronas, sino por tener una ideología comunista y defender la legalidad republicana frente a la rebelión militar de 1936.
____________________________________________________________

"Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre.
Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente.
Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada.

Adiós, madre querida, adiós para siempre.
Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar".

Julia Conesa. 
"Besos para todos, que ni tú ni mis compañeras lloréis"
 "Que mi nombre no se borre de la historia".
____________________________________________________________

Carta sin fecha de Blanca Brisac a su hijo Enrique García Brisac;
( La carta has ido facilitada al autor por Enrique García Brisac, hijo de Blanca)

"Querido, muy querido hijo de mi alma.
En estos últimos momentos tu madre piensa en ti.

Sólo pienso en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres.

Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy. "Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, Quique mío. "Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre.

Que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador.

Sigue el ejemplo de tu papachín. ¿Verdad hijo, que en mi última hora me lo prometes? Quédate con mi adora Cuca (el diminutivo con el que llamaba a su madre) y sé siempre para ella y mis hermanas un hijo.

El día de mañana, vela por ellas cuando sean viejitas. Hazte el deber develar por ellas cuando seas un hombre. No te digo más. Tu padre y yo vamos a la muerte orgullosos.

No sé si tu padre habrá confesado y comulgado, pues no le veré hasta mi presencia ante el piquete. Yo sí lo hecho. "Enrique, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la enseñaron a mí.

Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad.

Recibe después de una infinidad de besos el beso eterno de tu madre. Blanca."

Misiva concluía con una posdata que decía:
"te envío, hijo, una de mis trenzas. Guarda mi libro de misa y una pajarita que te envió, y mis medallas".

LAS TRECE ROSAS 

Barrero Aguado, Carmen. 
Veinte años. Modista. Cuarta por edad de los nueve hijos de una modesta familia del barrio de cuatro Caminos. Su padre murió años antes de que estallara la guerra, dejando a su mujer y a sus hijos en una precaria situación económica, que obligó a Carmen a trabajar desde los doce años. Militante PCE, en el que era conocida como Marina, utilizaba la identidad falsa de Carmen Iglesia Díaz. Tras el final de la guerra su amigo Francisco Sotelo Luna le propuso continuar con el trabajo clandestino como responsable femenina del partido en Madrid, y como tal elaboró un plan de trabajo para las mujeres.

Barroso García, Martina
Veinticuatro años. Modista. Militante de la JSU, durante la guerra cosió en uno de los talleres de la Unión de Muchachas, confeccionando ropa para los soldados. Tras el final de la contienda fue captada por Julián Muñoz Tárrega para que se incorporara al sector de Chamartín de la Rosa.

Brisac Vázquez, Blanca
Veintinueve años. La mayor de tres hermanas, hija de un próspero empresario francés. Casada con Enrique García Mazas, a quien conoció en la banda de música en la que tocaban a pie de pantalla en el cine Alcalá para Amenizar las películas mudas. Él tocaba el violín y ella el piano. El matrimonio tenía un hijo, Enrique, de once años de edad en 1939. No militaba en ninguna organización política.

Bueno Ibáñez, Pilar
Veintisiete años. Modista. Al poco de iniciada la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en una de las numerosas casa-cuna abiertas para recoger a los niños huérfanos y atender a los hijos de los milicianos que iban al frente. Fue elegida para formarse como dirigente en la Escuela de Cuadros del partido y nombrada secretaria de organización del Radio Norte.
Al acabar la guerra fue contactada por Federico Bascuñan para colaborar en la reorganización de los comunistas y encargada de crear ocho sectores en la capital : Norte, Sur, Este, Oeste, Chamartín de la Rosa, Guindalera, Prosperidad y Vallecas.

Conesa Conesa, Julia
Diecinueve años. Modista. Se afilió a la JSU a finales de 1937 para seguir sus cursos de gimnasia y deportes. Durante la guerra trabajó como cobradora de tranvías.

García Casillas, Adelina
Diecinueve años. Era conocida como la mulata por su piel morena y sus labios gruesos. Amiga de Julia Conesa y militante también de la JSU. Una vez encarcelada trabajó como cartera en la prisión de ventas.

Gil Olaya, Elena
Veinte años. Ingresó en la JSU en 1937. El final de la guerra le pilló en Murcia, desde donde regresó a Madrid a primeros de abril de 1939. Una vez en la capital su amigo Rafael Muñoz Coutado le propuso continuar trabajando para el partido. Se integró junto a Victoria Muñoz en uno de los grupos creados en el sector de Chamartín de la Rosa que era dirigido por Sergio Ortiz.

González García, Virtudes
Dieciocho años. Modista. Se afilió ala JSU al poco de estallar la guerra. Su novio, Valentín Ollero, fue nombrado responsable del Radio Oeste de las juventudes al acabar la contienda y ella hizo de enlace entre éste y la dirección madrileña de las mismas.

López Gallego, Ana
Veintiún años. Modista. Era la mayor de cuatro hermanos. Militante de la JSU, durante la guerra fue secretaria femenina del Radio de Chamartín de la Rosa. Tras la entrada de las tropas nacionales en Madrid su amigo Julián Muñoz Tárrega le propuso que se reincorporara a las Juventudes como miembro de un grupo dirigido por Sergio Ortiz del que también formaba parte otras tres "rosas": Martina Barroso, Victoria Muñoz y Elena Gil Olaya.

López Laffite, Joaquina
Veintitrés años. La más pequeña de cinco hermanos huérfanos de padre y madre desde 1931. Se afilió a la JSU en septiembre de1936, y tras acabar la guerra fue nombrada secretaria femenina del Comité Provincial clandestino.

Manzanero Salas, Dionisia
Veinte años. Tercera por edad de los seis hijos de una familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre era militante de la UGT. Se afilió al PCE en abril de 1938, después de que un obús matara a su hermana pepita y a otros niños que jugaban en un descampado próximo al domicilio familiar. Amiga de Pilar Bueno, al acabar la guerra fue elegida para que hiciera de enlace entre los dirigentes del partido que quedaron en la capital.

Muñoz García, Victoria
Dieciocho años. Pertenecía a la JSU desde 1936. Al acabar la guerra se encontró con su amigo Julián Muñoz Tárrega, quien la incorporó al grupo que dirigía Sergio Ortiz en el sector de Chamartín de la Rosa.

Rodríguez de la Fuente, Luisa
Dieciocho años. Sastra. Ingresó en la JSU en 1937, donde nunca ocupó cargo alguno, hasta que al acabar la guerra Julián Muñoz Tárrega le propuso crear un grupo que ella misma debía dirigir. Cuando fue detenida tan sólo había tenido tiempo de convencer a su primo Isidro Hernández de la Fuente.

Documental Que mi nombre no se borre en la historia