viernes, 30 de noviembre de 2012

PsicoFisiología de un disparo.

viernes, 30 de noviembre de 2012
Publicado por Cecilio Andrade

Este artículo está dedicado a revisar como influyen las respuestas psicofisiológicas del organismo en la realización de un disparo. Veremos como repercuten en nuestros disparos factores como la tasa cardíaca  la respiración y en general el nivel de activación. También propondremos algunas técnicas y ejercicios que nos ayudarán a controlar en la medida de lo posible estas variables, todo ello orientado a optimizar nuestros resultados como tiradores.

Pero no podemos abordar el aprendizaje de estas técnicas sin tener unos conocimientos mínimos sobre la forma en que interactúan las variables implicadas, por ello realizaremos una primera aproximación a su estudio.

La conducta como resultante de un triple sistema de respuestas.

Cualquier conducta por simple o compleja que sea, es la resultante de un triple sistema de respuestas a tres niveles: cognitivo, fisiológico y motor.

• El nivel de respuesta cognitivo hace referencia a los pensamientos, ideas, sentimientos, reflexiones, etc. que experimentamos durante la realización de la conducta.

• El nivel de respuesta fisiológico hace referencia a las respuestas que se producen en nuestro organismo al nivel de los sistemas nervioso autónomo, circulatorio, linfático, excretor, respiratorio, etc. durante la realización de la conducta.

• Por último el nivel de respuesta motor se refiere a los movimientos, contracciones, desplazamientos que se producen en nuestro sistema muscular y esquelético durante la realización de la conducta.

El conjunto de la combinación de este triple sistema de respuestas es lo que constituye nuestra conducta como un todo. Si bien para su descripción la división entre un sistema u otro está bien definida, en la realidad su interdependencia es muy alta de forma que no se puede considerar nunca la actuación de uno de los niveles separadamente de los demás.

Precisamente esta íntima interdependencia de los tres niveles de respuesta es lo que nos va a permitir influir sobre uno de ellos por medio de la actuación sobre otro distinto.

Por ejemplo, ante una situación sobre la que percibimos en el ámbito cognitivo que nuestro nivel de control es bajo (un examen oral sobre una materia que no dominamos), fácilmente generaremos pensamientos negativos asociados al probable fracaso, esto repercutirá sobre nuestro estado emocional produciendo reacciones fisiológicas como elevación de la tasa cardiaca, sudación, sequedad de boca, tensión muscular, etc., asociadas con la sensación de ansiedad, que a su vez producirá conductas motoras conducentes a reducir los niveles de tensión, por ejemplo frotarse las manos.

Para combatir ese estado de tensión, podemos intentar equilibrar el sistema bien mediante estrategias cognitivas (pensamientos positivos: “el examen será fácil”, “el nivel no es muy alto”, “voy a tener suerte”, “estoy tranquilo”) o mediante la relajación del sistema motor (músculos esqueléticos). Un procedimiento u otro reducirá los niveles de activación fisiológica al reducir las emociones y las sensaciones ligadas a la ansiedad, lo que a su vez, al restablecerse los niveles fisiológicos alterados producirá sensaciones de reposo que se traducirán en menor tensión del sistema motor y disminución de los pensamientos negativos, en un circuito sin fin.

Otro procedimiento seria actuar directamente a nivel del sistema fisiológico mediante la ingestión de alguna substancia tranquilizante (ansiolítico) Por este procedimiento experimentaríamos una sensación de calma a nivel fisiológico y motor que se traduciría a nivel cognitivo por el estado emocional de calma.

Este circuito es una simplificación. En realidad existen muchas más variables que intervienen en cada uno de los niveles, pero cuya descripción escaparía a los propósitos de este texto. Lo importante es recordar que nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro organismo se influyen recíprocamente en un ciclo continuo de interacción.

Nivel de activación.

Tanto la competición como las acciones de combate pueden generar altos niveles de ansiedad y de angustia que, a su vez, pueden afectar a los procesos fisiológicos y cognitivos, de forma tan drástica que la ejecución se deteriore.

Cualquiera de nosotros, a lo largo de nuestra vida, probablemente hemos experimentado una subida del ritmo cardíaco, boca seca, sensación de “malestar en el estómago”, temblor muscular o incapacidad para fijar con claridad los pensamientos. En estas condiciones quizá nos hemos planteado que “estábamos demasiado tensos” y que por eso no podíamos pensar con claridad. Por otra parte quizá en otras ocasiones nos hallamos encontrado tan abatidos que apenas nos apetecía hacer nada.

Todo esto nos lleva a plantearnos la existencia de un nivel de activación por debajo del cual “nos faltan fuerzas” y otro que, una vez rebasado hace que “no demos pié con bola”.

Para explicar estos fenómenos hemos de recurrir a la utilización del concepto de nivel de activación o, en términos psicológicos, arousal.

El arousal debe entenderse como una propiedad energizante del Sistema Nervioso Central, que es responsable del aprovechamiento de los recursos del cuerpo ante las diversas actividades que desarrolla.

El estado de arousal de un individuo puede percibirse como una variación a lo largo de un continuo que iría desde el coma profundo en uno de los extremos hasta el mayor grado de excitación en el otro (por ejemplo durante un ataque de pánico).

Para facilitar la comprensión del concepto imaginemos el motor de un vehículo. El motor puede estar más o menos acelerado. La aceleración de un motor puede medirse en revoluciones por minuto. Pues bien, la intensidad del funcionamiento del “motor humano” se evalúa mediante el nivel de arousal que una persona presenta en un momento determinado. Del mismo modo que el motor de un vehículo sufre o se calienta cuando se le exige un trabajo por encima o por debajo de las revoluciones adecuadas, la intensidad ideal del arousal humano debería ser acorde con las demandas requeridas por la tarea.

El arousal se refiere tanto al nivel de actividad de los distintos sistemas fisiológicos como al nivel de actividad cerebral, que regula la utilización de los recursos energéticos del organismo. Cuando los niveles de arousal suben bruscamente o llegan a grados de activación muy elevados se disparan diferentes sistemas de alerta que indican al Sistema Nervioso Central que de alguna manera se está “forzando la máquina” (Reacción de Alarma, síndrome general de adaptación), del mismo modo que el indicador rojo del cuentarrevoluciones de nuestro vehículo nos hace ver que el motor está “pasado de vueltas” cuando se sobrepasa un determinado valor de aceleración. Si mantenemos el nivel de activación (igual que si mantenemos la aceleración del motor) a pesar de las señales de alarma, el sistema seguirá funcionando durante un tiempo que dependerá de nuestra capacidad de resistencia. Posteriormente, cuando las reservas energéticas comiencen a agotarse, el sistema volverá a lanzar señales de aviso sobre la posibilidad de un colapso (Reacción de Estrés), añadiendo además intentos de detener su funcionamiento (calambres musculares, vómitos, mareo, etc.). Si persistimos en el sobreesfuerzo el sistema se detendrá provocando un colapso.

El siguiente esquema intenta representar los diferentes estados de arousal de un organismo visualizándolo como si se tratara del cuentarrevoluciones de un vehículo.


Relación entre el nivel de Arousal y la ejecución.

Cada tipo de actividad requiere un determinado nivel de activación. Del mismo modo que, continuando con el símil del vehículo, las revoluciones del motor deben ser acordes con la velocidad y las características del terreno, no se requiere el mismo nivel de activación para la realización de una tarea de precisión que para afrontar un asalto de boxeo. Por otra parte, cada persona tiene un nivel propio de rendimiento óptimo para cada tarea.

No obstante existen estudios que avalan la hipótesis de que la relación entre el nivel de arousal y el rendimiento en la ejecución sigue una función en forma de “U” invertida, como se muestra en la figura.

Esta hipótesis predice que a medida que el nivel de arousal aumenta de somnolencia a alerta, hay un progresivo incremento en la eficiencia de la ejecución. Sin embargo, una vez que el arousal continúa su incremento más allá de la alerta, hasta un estado de alta excitación, se produce un descenso progresivo en el rendimiento. Por tanto esta hipótesis sugiere que las conductas se realizarán con la máxima eficiencia en un estado óptimo de arousal.


Esto nos lleva a intentar determinar cuál es nuestro nivel óptimo para realizar el disparo y poner en marcha las estrategias disponibles para llegar a ese nivel de arousal.

Por otra parte existe un fenómeno que quiero reseñar ya que incide directamente sobre la ejecución, y relaciona el nivel de activación con el nivel de aprendizaje o destreza alcanzado en la ejecución de una tarea.

Esté fenómeno viene descrito por la Teoría del Impulso, que de una forma muy resumida viene a decir la siguiente:

En el repertorio de conductas de una persona existen respuestas para una misma tarea que difieren entre sí en el grado de dominancia, es decir, unas respuestas estarán más dispuestas a producirse que otras. Por ejemplo, un soldado que esté siendo instruido como tirador de precisión, y que sin embargo tenga experiencia con armas de caza, tiro al plato, etc., tendrá que aprender nuevas posiciones, nuevas formas de encarar su arma, nuevas formas de ejercer presión sobre el disparador… diferentes a las que ya tenía asimiladas en su experiencia previa. Al principio del adiestramiento las viejas respuestas competirán con las nuevas respuestas que está aprendiendo y deberá hacer un esfuerzo de atención para sustituirlas, ya que la “fuerza del hábito” de las viejas respuestas es mayor que la de las nuevas que aún no están consolidadas.

Pues bien, lo que la Teoría del Impulso expresa es que la Ejecución (E) es una función multiplicativa de la fuerza del Hábito (H) y del Impulso (I), entendiendo por impulso el nivel de activación o arousal :.

E = H x I

De esta manera, lo que la teoría predice, es que si se eleva el nivel de arousal las respuestas con mayor “fuerza de hábito” se presentaran con mayor probabilidad, ya que se verán más afectadas por el efecto multiplicativo del arousal.

Luego siguiendo el ejemplo de nuestro policía, soldado, cazador, sí se enfrenta a una situación de disparo con un nivel de activación por encima del nivel óptimo, lo más probable es que encare su arma y dispare “como toda la vida”, en lugar de poner en práctica las técnicas que le estamos enseñando.

Todo esto debemos enlazarlo con lo tratado anteriormente sobre el aprendizaje, teniendo perfectamente claro que éste no habrá finalizado hasta que las respuestas adecuadas posean una gran fuerza de hábito, como ocurre en los niveles de ejecución automática ya vistos, y que este aprendizaje debe ser puesto a prueba bajo niveles crecientes de activación, hasta que pueda asegurarse una ejecución eficaz incluso bajo estados de estrés.
By Cecilio Andrade