martes, 18 de diciembre de 2012

Los Tiradores de Sang Atesh

El primer disparo ni siquiera llegaron a oírlo, sencillamente algo levanto polvo sobre el árido suelo de aquella maldita FOB en Sang Atesh, en Afganistán. El Cabo primero Domingo se parapetó en los sacos terreros que quedaban a su derecha. Fue un acto reflejo, el mismo que le llevó a quitar el seguro de su G36E, el mismo que le llevó a conectar su visor holográfico Eotech, y el mismo que le llevo en un par de segundos a situarse en actitud defensiva apuntando su fusil hacia el monte que tenía delante.

A su lado se encontraba el Caballero Legionario Cayo, que ya estaba respondiendo al fuego. Con mucha disciplina de fuego, el legionario disparaba pausadamente pero con terrible intención. Había localizado en su sector de tiro, un objetivo. Apenas una mancha oscura que discurría entre unas piedras. Disparaba secuencialmente, despacio, sin prisa, sin dejar a la mancha oscura que estuviera cómodo detrás de las piedras.

Domingo miró a Cayo – ¡¡¡Legionario!!! ¿Donde están?- Le preguntó.

-Mi primero, yo solo veo a uno, pero creo que hay más detrás, de las piedras, si se fija a nuestras once, detrás de la piedra grande, esa que está vertical, y tiene una oquedad a la izquierda, si se fija, de vez en cuando, la luz se tapa, y es porque tenemos ahí a un talibán husmeando- Le respondió Cayo.

Que seguía disparando con una calma absoluta. Enseguida apareció el Teniente Vallés, y tras él, media docena de legionarios con el fusil preparado, los chalecos y cascos bien ajustados, y con muchas ganas de dejar claro, que nadie se mete con la Bandera Millán Astray….

-¿Qué tenemos Domingo?- Preguntó el teniente Vallés.
-Mi Teniente, Cayo ha descubierto a uno mínimo tras las piedras de ahí enfrente. Al parecer se está asomando por un hueco de la roca, y pretende volver hacer fuego, pero Cayo lo está manteniendo a raya. Yo pensaba relevarle mientras el recarga, para no dejarle tirar, mientras decidimos como actuar- Dijo el Cabo Primero Domingo.

El Teniente Vallés no dudó, apostó a toda la tropa que le seguía en el muro de sacos terreros, y dio la orden de abrir fuego sostenido sobre las rocas que tenían a unos 400 metros de la posición, y donde el Legionario Cayo había divisado talibanes.

La descarga de fusilería atronó en la posición, y pronto el monte y las rocas donde supuestamente estaban los talibanes, se convirtió en una nube profusa de polvo.

No tardaron en aparecer el Sargento Primero Montalbán y el Cabo Primero Bravo con los fusiles de precisión, y los visores y telémetros. Montalbán era un tirador de élite, y su “spotter” era Bravo, que era un excelente compañero de fatigas, y el gran ayudante del francotirador. Su imprescindible observador.

Se situaron sin decir nada, en una pequeña atalaya de sacos terreros y uralita, en la que había un par de troneras disimuladas al cobijo de los sacos. Montalbán ocupó una de las troneras, destapó la mira telescópica y sin decir nada, comenzó a buscar objetivos. Bravo ocupó la otra tronera, con unos prismáticos barría el horizonte, buscando un objetivo. Y no tardó en detectar movimiento tras las rocas que recibían las descargas de fusilerías de los legionarios del Teniente Vallés.

-Zorro…mira a las 11, punto de luz en las piedras, 412 metros- Dijo Bravo a Montalbán.

-Veo dos tangos…. Yonky ajustando a 412 metros. Uno lleva un fusil largo, puede ser un Dragunov, no me gusta…no me gusta. Respondió el Sargento Primero Montalbán


Bravo cuyo apodo era Yonky, miró a su tirador, a su jefe, a su hermano, al cual todos llamaban Zorro, y asintió con la cabeza. Zorro montó el fusil, era un Barret M95 del calibre 12,70. El primer cartucho se alojó en la recámara. Suavemente sujetó el pistolete, y comenzó a concentrarse, a respirar pausadamente, a mirar con tranquilidad por la objetiva de la mira telescópica. Cuadró un objetivo dentro del retículo de la mira, lo observaba, veía una cabeza, un turbante, un rostro desconocido, un rostro preocupado. Montalbán sabía que era inevitable, él se lo estaba buscando. El objetivo estaba localizado, fijado y era cuestión de segundos.

Yonky miraba por su visor, también había fijado al talibán. Ambos sabían que pronto iba a ser historia.

Los legionarios seguían abriendo fuego sostenido sobre la improvisada posición de los talibanes, los cuales, permanecían agachados. Pero obviamente no lo suficiente y menos para un fusil Barret, y para un tirador experimentado como Montalbán.

-Zorro para Lima uno, tengo blanco fijado, solicito permiso para abrir fuego, cambio- Dijo a través del microauricular de su radio portátil.

-Aquí Lima uno, proceda, autorizado para abrir fuego sobre amenaza- Respondió una voz ronca, sin titubear.

Zorro y Yonky se concentraron, Yonky repasaba varios cálculos, distancia, viento, humedad…, Zorro tenía fijado al talibán, no lo perdía de vista. El talibán se creía a salvo tras la roca, pero no contaba con la oquedad, la cual de un tamaño de unos 50 cm de diámetro, permitía una gran oportunidad a una distancia media, y para un tirador con la experiencia como la del Sargento Primero Montalbán.

El talibán comenzaba a moverse tras la roca. Su aparente inactividad provocada por que las descargas de los fusiles de los legionarios, no les permitían estar cómodos en sus intenciones. Pero eso no quería decir que fueran a cesar en ellas.

El talibán del fusil de francotirador que había descubierto Zorro, adoptó una posición más ofensiva, asomando un poco su fusil Dragunov por el hueco de la roca, y seguramente apuntando hacia algún sitio de la posición española, o peor, que pudiera estar apuntando a algún legionario.

Zorro respiró, expiró suavemente, volvió a respirar, y contuvo la expiración, -uno…dos…tres…cuatro…¡fuego!...- pensó y a su vez, accionó el disparador del Barret.

Sonó un disparo seco, que levantó polvareda, y el retroceso del arma movió a su vez más polvo. Pero hacía milésimas antes que Zorro había visto como una nebulosa de color carmesí envolvía al talibán, a la vez que se desplomaba para no volverse a levantar.

Zorro retiró el dedo índice del disparador, lo apoyó sobre el armazón y siguió observando atentamente a través de la objetiva de su mira telescópica. Sabía que al menos había un segundo tango tras la roca. Zorro apuntaba directamente a la culata del Dragunov que se veía a través de la roca, al igual que la mano del cadáver del talibán abatido. No era mucho, pero si alguien osaba tocar ese fusil, seguramente lo iba a pagar muy caro…

El Teniente Vallés ordenó alto el fuego, y los legionarios cesaron su fuego de fusilería, sin perder de vista el montículo de rocas sobre el cual estaban abriendo fuego. Todos sabían que era ineficaz obviamente, y ninguno fue consciente del hecho de que uno de los talibanes había sido eliminado sin remisión por el Sargento Primero Montalbán.

-No se ve movimiento mi Teniente- Dijo el Cabo Primero Domingo. El Teniente miró con cautela por encima de los sacos, la distancia era enorme, y a simple vista no se podía atisbar nada. Echó mano a un bolsillo de su chaleco, y sacó unos pequeños prismáticos. Se acercó a una pequeña tronera entre los sacos terreros, y enfocó hacia las rocas.



No vio nada, las rocas eran un muro impenetrable, y era imposible saber que había detrás.
-¿Y si lanzamos el UAV mi Teniente?- Insinuó Domingo. El Teniente Vallés no lo dudo, -tienes razón, avisa al Brigada Romero, que lo lancen y a ver que podemos ver con el pajarito-

En un par de minutos un pequeño UAV surcaba el cielo de la posición. El Brigada Romero que controlaba el vuelo del UAV a través de la consola de mando, fue describiendo círculos concéntricos alrededor de la posición. Poco a poco se fue acercando a la posición talibán, y las imágenes no tardaron en dar pelos y señales de lo que allí había.

Un cuerpo yacía sobre el suelo, y un hombre se movía detrás de las piedras mirando entre ellas, pero sin hacer nada más.

-Mi Teniente!!!!...sólo hay un moro…y si le atizamos con el 120?- Dijo el Brigada Morales.

El Teniente Vallés dudó, pero era una buena solución, rápida y limpia. Un morterazo de 120 sobre la cota, y se acabó el problema por ahora.

-Domingo, vete y dile al Sargento Leiva que manden un par de morterazos hacia las piedras…- Ordenó el Teniente. El Cabo Primero avanzó con rapidez hacia una zona concreta de la posición, donde estaba un pelotón de morteros al mando del Sargento Leiva.

-Mi Sargento, necesitamos candela en esa posición de ahí, unos 400 metros, un par de pepinos ha dicho el Teniente- Dijo Domingo a Leiva. El Sargento asintió, movió el goniómetro del mortero, apuntó con el ojo de gato hacia la posición de los talibanes, e hizo la señal de cargar a sus servidores. Uno de ellos introdujo una granada de 120 mm en el tubo del mortero..

- Fue…goooo- Gritó Leiva, y un legionario tiró del cable del tiraflector . Un estampido seco volvió a recorrer la posición. Y en unos 4 segundos un impacto dio de lleno en la zona de las rocas.
-Fue..goooo- Grito Leiva por segunda vez. Y una nueva granada de mortero salió dirigida hacia la posición talibán.

Un nuevo impacto volvió a explotar entre las piedras. – A tomar por el culo- Gritó un legionario. El Teniente Valles miró por sus prismáticos, y volvió la mirada hacia el Brigada Morales, que seguía manejando el UAV.

-Ale…listos…mi Teniente el otro moro…a tomar por culo….- Gritó con cierta efusividad.

Zorro, seguía observando con la mira de su fusil, seguía apuntando a la posición. Yonky con su visor barría también la zona.

-Parece limpio, Zorro- Le dijo.

De pronto un nuevo impacto de fusil levantó polvo en la posición española, esta vez, el tiro no venía de la zona de las piedras.

-¡¡¡ Tiradores !!!- Gritó un legionario.
-Vuelta a empezar Yonky, coge bártulos que nos movemos al Este, que están tirando desde allí.

Los tiradores recogieron su equipo, y con rapidez se trasladaron a un hueco entre sacos terreros y algunos Hesco Bastión. 

 Zorro desplegó el bípode del Barret, Yonky abrió las tapas de su visor, y comenzó a barrer el horizonte.

-Localizado…tirador a nuestras doce, montículo con arbustos de la derecha, no se ha escondido mucho, pijama blanco y turbante blanco…canta mucho Zorro, este es coser y cantar.- Dijo el Cabo Primero Bravo.

Zorro lo miró, destapó los protectores del ocular y la objetiva de su mira telescópica, encaró el arma, y apuntó a la zona que le indicaba su observador. Sujetó el pistolete, dejo el dedo índice a lo largo del armazón, y se dispuso a respirar pausado y calmado.

-Uno…dos…tres…..

Martes, 20 de Marzo de 2012
por José Ángel Soguero Salavera