sábado, 14 de noviembre de 2015

NOSOTROS VELAS, ELLOS “BALAS”

NOSOTROS VELAS, ELLOS “BALAS”

Una vez más, los adoradores del culo en pompa, si, los de la religión “verdadera”, los radicales musulmanes, los radicales islamistas, los animales que viven fagocitando en nuestra sociedad con el solo pensamiento de destruirla, han vuelto a asesinar, bueno, algo más, han vuelto a cometer un “genocidio”.

Y es que está religión llevada al extremo de los yihadistas es “genocida”, si, “genocida” porque esa religión (el islam) llevada al precepto que según estos cerdos de barbas y chilaba que abrazan la guerra santa como expresión de su vida, es una religión genocida, porque ellos la hacen genocida, la viven genocida y la demuestran genocida.

El islam yihadista nos ha declarado la guerra hace siglos ya, no nos engañemos, que no es de ayer en París, o de Madrid, Londres o Nueva York. Ya hace siglos los musulmanes, incluídos los yihadistas declararon la guerra a occidente. Y entre moderados y radicales asolaron la tierra, mientras como ahora, los reinos europeos y africanos de la época, andaban a bofetadas entre ellos, sin tener en cuenta, que el verdadero enemigo de occidente, estaba dándole a la máquina de triturar. Y sólo se le paró cuando la civilización los superó en tecnología, avance social, economía, y sobre todo libertad de pensamiento.

Entonces el islam se hundió, retrocedió y se quedó atrincherada en su nido, en su cueva, hasta que apareció el petróleo, y quiso la caprichosa naturaleza que ese recurso del que cuelga el mundo entero, lo tienen a sus pies en su mayoría.

Dicen que hay un Islam moderado… ¿qué coño es eso?, no conozco otra religión que haga una partición declarada de su estado de ánimo interpretativo. Es más las religiones suelen, la gran mayoría abogar por la paz y fraternidad y esas cosas tan bonitas que vuelve a la gente corderos.

Los islamistas yihadistas y sus secuaces, no van solos de la mano. Cuentan con sus apoyos, los que los cobijan y callan, los que callan y los aceptan, vamos los cómplices que hay repartidos en las cientos y cientos de miles de mezquitas legales o ilegales a lo ancho del mundo, que son los que los alimentan, esconden y, son también los que les proporcionan medios para que hagan la Yihad (guerra santa) por ellos, que también son muy cobardes, mucho, por eso convencen a descerebrados para que se vayan al martirio por ellos, tontos no son.

El mundo occidental y ayer París, volvió a vivir un nuevo episodio, una nueva batalla de esta guerra. Y lo pinten como lo quieran pintar, ayer en París, no hubo atentados, hubo masacres propias de una batalla. Ellos fueron a eliminar cuantos enemigos pudieran, y muestra de ello, las ejecuciones sumarias en la sala de fiestas Bataclan (Descansen en paz las pobres víctimas), las granadas (si granadas de mano) que tiraron, y los cientos de proyectiles del 7,62 que soltaron sus fusiles, y de las escopetas que también llevaban.

Estos cerdos van a la guerra, hacen la guerra, no buscan sólo declinar la opinión pública y la decisión de un estado, como busca el terrorismo tradicional, estos cerdos, porque son cerdos, y como a tales habría que despacharlos, buscan eliminar, buscan una limpieza étnica sin precedentes en todo el mundo entero.

Por lo tanto, quien busca eso ya no se puede tratar exclusivamente como terrorista, sino como enemigo genocida. Y tarde o temprano, habrá que poner botas en el suelo, y comenzar a desenvolvernos en esta primitiva guerra mundial en la que andamos inmersos.

Aún se puede leer a gilipollas, imbéciles e ignorantes niños de la vida cómoda, que todo esto es fruto de la política imperialista, de las sociedades económicas, y de bla bla…. ¡¡¡GILIPOLLAS!!!, esto es más viejo que el trueque, o las monedas. Por culpa de las políticas y políticos de esa guisa, tenemos las puertas abiertas a todo esto. Al igual que al Imperio Romano se le colaron los bárbaros y su sociedad ciega y corrompida se entregó, aquí estamos igual y en breve seremos testigos de lo cíclica que es la historia de la humanidad.

Así pues, lo de ayer es un asesinato genocida en masa, y quién dijera o expresara lo contrario debería ser llevado ante los tribunales por apología de ese terrorismo y esa violencia devastadora. Porque tan asesino es el que aprieta el disparador, como el que lo justifica, lo defiende, lo oculta, lo permite y lo acepta.

Recuerdo que el 11 de septiembre de 2001, viendo las imágenes de Nueva York, supe que la guerra había empezado, han pasado 14 años, y en esta guerra que todos o muchos pensaban ganar a puro de invadir y bombardear, nos olvidamos de una cosa importantísima, nos olvidamos que el islam yihadista aunque tiene millones de borregos que lo sostienen, son realmente manadas de lobos, miles de manadas de lobos, no ejércitos en cuadro. Y a este tipo de enemigo, ya no se le derrota simplemente en los campos de batalla. En los campos de batalla se les arrasa, se les debe borrar.

Pero donde se les ha de ganar, es en casa, donde millones de adeptos adoradores con el culo en pompa, los ven, los oyen, los escuchan, los temen, los apoyan, los refugian, los alaban y los aceptan, porque a fin de cuentas, son “sus soldados”, porque en el fondo, las religiones llevan a mirar de reojo al vecino de al lado, que reza de otra manera, a otros dioses, y eso molesta, cuando no indigna, y del pelo raso a la melena, van unas tijeras…
.
Ayer 128 muertos y 180 heridos, muchos de ellos muy graves. Y hablamos de personas europeas que están a unas 10 horas en coche, y a dos horas en avión. Víctimas inocentes que hacían lo que hacemos todos, ir de copas, de cafés, quedar con los amigos, ir a un concierto, pasear por la calle. Y pensando en volver a casa al terminar los reencuentros y la fiesta, y ya no volverán, porque unos cerdos, unos perros, deciden en nombre de una religión, por mucho que políticos y otras yerbas digan que no es una guerra religiosa, para los yihadistas lo es, porque está escrito en el Corán, y ellos, los cerdos, así lo interpretan. Deciden esos bárbaros que gente inocente deben morir, porque les (nos) han declarado una guerra en la que unos llevan armas, y saben que nosotros, los otros, sólo ponemos velas y pancartas de paz.

Hoy me invade la impotencia, pensando en las personas ejecutadas en la sala de fiestas Bataclan. Me arde la sangre pensando en que ni siquiera pudieron defenderse, sencillamente los valientes estos, los musulmanes yihadistas, armados hasta los dientes, les hicieron la guerra santa. Es como si yo me pongo a jugar a fútbol con un equipo en el que los jugadores tienen los pies atados a estacas en el suelo, y al portero lo atamos a uno de los postes, meteré gol seguro, y no uno.

Somos una sociedad decadente, miedosa, acomplejada, vieja…, muy vieja, y estos son una ralea de lobos jóvenes, y sus jefes, los que andan por la península Arábiga, que son los que realmente alimentan a estas jaurías y a sus infraestructuras (financiando mezquitas ilegales, mezquitas radicalizadas al pagar a imanes que menos santos y pacíficos son todo lo demás, pagando armas, viajes, documentos falsos, pisos francos, trabajos, hijos, migraciones, bla bla…). Pues estos lobos vienen a devorar los rebaños de corderos, ya lo están haciendo, y lo van a volver hacer, no tengamos duda.

Y mientras aquí pondremos velas, lacitos, y nos apenaremos. Pero permitiremos con políticas sociales impías, que este fenómeno genocida religioso, campe por nuestras tierras, las cuales ya pacificamos hace siglos, y limpiamos de semejante escoria religiosa.

Aquí la tomamos contra la Iglesia católica, contra los colegios, contra los crucifijos, contra Cáritas, contra los curas, que si pederastia, corrupción….Pues a la cárcel el que lo haga, y punto como cualquier ciudadano desviado de las Leyes. ¿Y acaso no es el reflejo de nuestra sociedad?, donde hay hombres y mujeres que son animales depravados y que hacen eso, donde hay señores con cargo y corbata que hacen eso y más… Pero no la tomamos con los que adoctrinan que a la mujer se le puede pegar, que ha de vestir con ropas hasta los tobillos, que no puede estar en el mismo sitio de los hombres, que las niñas no tienen derechos, que no pueden estudiar, que no pueden decidir. Y todo esto no allá en Oriente, sino aquí, en nuestras calles y ciudades.

Cada vez que pienso en eso, me acuerdo de la frase cinematográfica en la que Leónidas grita: “Esto es Esparta”, y patada al pecho, y al agujero que se fue el persa… La única defensa empieza por dejar claro a quien viene a nuestra casa, como vivimos, y como queremos y le exigimos que tiene que vivir, en respeto y libertad. Y si quiere orar, que lo haga, pero no exija por su religión, que el resto debe de aclimatarse a sus peticiones y deseos, porque entonces, ya no es respeto ni libertad.

Y digo esto, porque un terrorismo sin apoyo en zona, no sobrevive, así que si hay que buscar porque aparecen y se mueven con celeridad y golpean con certeza, hay que empezar a pensar que las infraestructuras y el apoyo, lo tienen en esas comunidades que pintan moderación religiosa, pero son las cuevas y despensas de estos bastardos. Por eso hay que cortar las raíces y medios que extienden favorecidos de políticas acomplejadas. Si se corta la raíz, el arbolito se muere...

Estamos en guerra, seguimos en guerra. Y en nuestra mano está no dejar pasar y hacer la vista gorda ante cualquier hecho irrelevante relacionado con estas cosas. Por suerte nuestras FCSE, FCS y nuestras FAS, están peleando diariamente como buenos perros pastores, dando dentelladas a las jaurías de lobos que se abalanzan sobre vosotros (nosotros) rebaños de ovejas.

Creamos en ellos, apoyemos lo que hacen, ayudemos en lo que hacen, y aunque los lobos nos muerdan (que lo harán), al final, si una sociedad en firme (gilipollas aparte) planta cara y exige a los gobiernos sean del color que sean, que una cultura así no tiene cabida en la nuestra si no se adapta y adecua, y se entrega a la libertad y el respeto, al final no tendrán nada que hacer, y se volverán a sus cuevas, a sus piaras de cerdos.

Pero si les dejamos y permitimos que campen, exijan, demanden y acorralen, entonces caeremos, y nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas, y las próximas generaciones, seguirán en esta guerra primitiva y religiosa.

Hoy el pueblo francés está en mi pensamiento, porque a fin de cuentas, forman parte de la civilización a la que defiendo, respeto y creo. Y me duele mucho, mucho este genocidio, y me da rabia, mucha rabia que no tengan el valor todos estos guerreros del islam, de presentar batalla en campo abierto, más que nada para medirnos en igualdad de condiciones, todos con hierro en la mano, y que ya el dios que sea, que elija a los suyos en el viaje a los paraísos extraterrenales.

No pondré ni lazos ni velas, estamos en guerra, y en guerra solo queda luchar con fe inquebrantable en la victoria, y demostrar fortaleza, no debilidad.
José Ángel Soguero